✍️1. Una autora cuya obra cuestiona el poder
Naomi Alderman (Londres, 1974) es una de las voces más singulares de la ficción especulativa contemporánea. Su trayectoria se articula en un cruce poco habitual: formación en una comunidad judía ortodoxa, ruptura con esa tradición, militancia feminista explícita y un interés constante por las tecnologías que moldean la vida social. Alderman no es solo novelista: trabaja en videojuegos, narrativa interactiva, radio y ensayo. Esa multiplicidad no es decorativa; forma parte de su manera de pensar el poder como un sistema que atraviesa todos los dispositivos culturales.

Su primera novela, Disobedience (2006), ya mostraba esa tensión entre identidad, autoridad y disidencia. A partir de ahí, su obra se desplaza hacia territorios más abiertamente especulativos: The Liars’ Gospel (2012) reescribe la historia religiosa desde la perspectiva de quienes nunca tuvieron voz; El Poder (2016) invierte la jerarquía de género para examinar la violencia estructural; The Future (2023) analiza el poder corporativo y tecnológico en un mundo al borde del colapso. En paralelo, Alderman ha sido guionista de Perplex City, co-creadora del juego narrativo Zombies, Run!, autora de The Walk y presentadora del programa Science Stories en BBC Radio 4. Su trabajo en videojuegos le ha permitido pensar la agencia, la toma de decisiones y la estructura del poder desde la interacción, no solo desde la narración lineal.
Todo ello compone un perfil coherente: Alderman es una escritora que piensa el feminismo desde la estructura del poder, no desde la identidad; que entiende la tecnología como un campo político; y que utiliza la ficción especulativa para iluminar el presente, no para escapar de él.
♀️2. Militancia feminista: el problema del poder
Alderman se declara feminista desde la adolescencia, pero su militancia adquiere forma literaria en los años 2010, cuando empieza a articular una crítica explícita a la desigualdad de género y a la naturalización de la violencia masculina. Su feminismo no es celebratorio ni esencialista: es analítico, incómodo, orientado a desmontar la idea de que el poder, cuando cambia de manos, se vuelve automáticamente justo.
Tres líneas atraviesan su posicionamiento feminista:
❶ El poder corrompe independientemente del género. Alderman rechaza la fantasía de un matriarcado benévolo. No propone que las mujeres por esencia sean más pacíficas o morales que los hombres. Para ella, el problema no es quién detenta el poder, sino cómo se estructura.
❷ La violencia es una estructura, no una esencia. La violencia masculina no es natural: es histórica. Y, por tanto, puede reproducirse cuando cambian las jerarquías. Alderman insiste en que el abuso y la corrupción nacen del lugar que ocupa el poder, no del género de quien lo ejerce.
❸ Tecnología y género son campos entrelazados. En The Future, Alderman muestra cómo las plataformas digitales y el capitalismo de vigilancia generan vulnerabilidades que afectan de manera desigual a mujeres y minorías.
Su militancia feminista, por tanto, no es un añadido temático: es la arquitectura profunda de su obra.
✊3. El Poder: invertir la balanza para revelar el presente
He aquí una de las novelas de ciencia ficción más interesantes de los últimos tiempos. El Poder (2016) parte de una premisa tan sencilla como devastadora: un día, las chicas de todo el mundo desarrollan la capacidad de emitir impulsos eléctricos, de electrocutar a voluntad, desde un leve cosquilleo hasta la muerte. Y lo usan, exactamente igual que los hombres han usado su poder en el mundo que conocemos.
El mundo cambia de base. Alderman sigue a varios personajes cuyas historias convergen: una adolescente maltratada por su familia adoptiva, una joven de un entorno criminal que presencia el asesinato de su madre y una ambiciosa política estadounidense. Junto a ellas seguimos a Tunde, un joven periodista que recorre el mundo registrando los disturbios y que se convierte en el testigo principal de cómo el miedo cambia de bando. Todas estas perspectivas encarnan la pregunta que articula la novela: ¿qué ocurre cuando quienes nunca han tenido poder lo adquieren de repente?
En este blog se ha sostenido reiteradamente que la buena ciencia ficción —y más aún la ciencia ficción feminista— no habla del futuro: habla del presente. El Poder es un ejemplo perfecto de ello. Con la excusa de un cambio en la balanza del poder, la novela nos habla de violaciones, ablaciones, trata de mujeres, maltrato, asesinatos. Nos habla de países donde las mujeres no pueden conducir, no pueden salir solas, no pueden abrir una cuenta bancaria sin permiso de un hombre. Y nos habla, sobre todo, del miedo: miedo a caminar de noche, a cruzarse con un grupo de hombres, a decir lo que se piensa.


Ese miedo es el verdadero núcleo de la novela; el poder eléctrico es solo la metáfora.
En el corazón de El Poder está la cuestión del poder. Alderman lo formula con una claridad que desarma: “¿Qué pasaría si las mujeres tuvieran el poder de causar dolor y destrucción? ¿Se comportarían de forma pacífica y educativa? ¿Quién tiene el poder, cómo se obtiene, qué consecuencias tiene para quien lo detenta?”
La novela no ofrece respuestas tranquilizadoras. Alderman desmonta la idea de que la violencia es masculina por naturaleza. Su tesis es más incómoda: el poder tiende a reproducir la violencia, independientemente de quién lo ejerza. Por eso El Poder es una novela profundamente feminista: porque no idealiza a las mujeres, sino que analiza las condiciones materiales que producen la violencia.
La obra obtuvo el Bailey’s Women’s Prize for Fiction en 2017, y con razón. Alderman consigue renovar la tradición de la ciencia ficción feminista sin repetir sus fórmulas. El Poder no es una distopía ni una utopía: es un experimento político. Un espejo deformante que revela, con más claridad que el espejo real, cómo funciona la violencia, cómo se transmite el miedo, cómo se construyen las jerarquías.
👥4. Alderman-Atwood: El poder versus El cuento de la criada
Ambas obras son estructuralmente opuestas: El cuento de la criada es una distopía patriarcal clásica donde las mujeres pierden todo el control, mientras que El poder plantea una utopía que rápidamente se convierte en una distopía matriarcal.
Sin embargo, cuando la crítica y la propia Naomi Alderman hablan de paralelismos, no se refieren a que las historias se parezcan, sino a cómo se construyeron y al vínculo personal entre ambas autoras.
Naomi Alderman escribió El poder bajo la tutela directa de Margaret Atwood, gracias a la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos. Pasaron un año viajando juntas y debatiendo sobre el poder, la violencia y el control social. Atwood leyó y comentó los primeros borradores de la novela.

Mientras Atwood se pregunta «¿Qué pasa si el patriarcado lleva el control de los cuerpos de las mujeres al extremo?», Alderman se hace la pregunta inversa: «¿Qué pasa si las mujeres tienen el monopolio de la violencia física?».
Ambas usan la misma regla de escritura: «No puedes inventar nada». Esta es exactamente la misma norma estricta que Atwood se autoimpuso en 1984 cuando escribió El cuento de la criada. Consiste en que ninguna forma de violencia, tortura, opresión o humillación que aparece en el libro puede ser producto de la pura fantasía de la autora; todo tiene que haber ocurrido ya en algún momento de la historia real de la humanidad.
Al aplicar esta regla en El poder, Alderman logró un efecto devastador: Todas las atrocidades, abusos sexuales, restricciones de movimiento y violencias que las mujeres cometen contra los hombres en la novela son casos reales de violencia machista histórica recopilados por Alderman. Así que cuando un lector (especialmente un hombre) se siente horrorizado por lo que les ocurre a los personajes masculinos en el libro, se enfrenta a la incómoda realidad de que esas mismas tácticas se han usado contra las mujeres en el mundo real durante siglos.

El recurso del «falso documento histórico». El cuento de la criada termina con unas «Notas históricas» de un simposio en el futuro (el año 2195) que analiza la era de Galaad como algo del pasado. El poder utiliza exactamente el mismo recurso: el libro está enmarcado como una novela histórica escrita por un hombre en un futuro lejano, donde el matriarcado es la norma y los historiadores debaten con condescendencia si existió una época donde «los hombres gobernaban el mundo». El efecto es doble: ironía histórica y desplazamiento del punto de vista.
En resumen, más que parecerse en el argumento, El Poder funciona como una respuesta conceptual y un homenaje directo a las ideas de Atwood.
Margaret Atwood respaldó públicamente El Poder con elogios contundentes, utilizándose habitualmente su valoración de «electrizante» en la portada y promociones de la novela. Al leer la novela, Atwood celebró que Alderman plasmara fielmente cómo «el poder absoluto corrompe absolutamente, independientemente del género». La autora de El cuento de la criada definió la novela como un «thriller absorbente y que invita a la reflexión»
🔮5. El futuro: tecnología, colapso y poder corporativo
Si El Poder examina la violencia estructural desde la inversión de la jerarquía de género, su última novela, El futuro (2023), desplaza la mirada hacia otro tipo de poder: el corporativo-tecnológico, ese que hoy se ejerce desde plataformas digitales, algoritmos opacos y fortunas capaces de moldear el mundo.
La novela imagina a varios magnates tecnológicos que, ante la inminencia de un desastre global, preparan su propia supervivencia en refugios autosuficientes. No es ciencia ficción apocalíptica: es una lectura crítica del presente disfrazado de futuro, donde las élites tecnológicas ya actúan como si vivieran en un mundo distinto al del resto. Alderman analiza cómo la concentración de poder en manos privadas convierte a las democracias en estructuras frágiles, vulnerables a la manipulación informativa y a la desigualdad extrema.


Si El Poder mostraba cómo el poder corrompe cuando cambia de manos, El futuro muestra cómo el poder corrompe cuando no cambia nunca. Ambas novelas dialogan entre sí: una examina la violencia desde el género; la otra, desde la tecnología. Juntas componen un mapa político del presente.
✨6. Conclusión: Naomi Alderman y la claridad incómoda
El Poder y El futuro no son piezas sueltas en la obra de Alderman, sino los dos polos de un mismo proyecto: pensar el poder desde la ficción especulativa. Su militancia feminista, su crítica a la tecnología, su experiencia en narrativas interactivas y su interés por las estructuras de autoridad convergen en una obra que incomoda, sacude y obliga a pensar.
Alderman no escribe para consolar. Escribe para iluminar. Y esa claridad incómoda es, quizá, su mayor aportación a la ficción especulativa contemporánea: una literatura que no imagina futuros, sino que revela el presente con una nitidez que duele.
¿Y tú? ¿Has leído ‘El poder’ o visto su adaptación? ¡Te leo en los comentarios!
Nota. Para ampliar esta lectura, puede resultar muy revelador el artículo de Naomi Alderman, “Dystopian Dreams: how feminist science fiction predicted the future” en The Guardian
