Mujer, feminismo, ciencia ficción

Autoras europeas en la torturada primera mitad del siglo XX

Stella Benson

Si la literatura de Stella Benson (1892-1933) es extraordinariamente libre, es porque su vida fue una apuesta perpetua por la independencia. Nacida en la aristocracia británica, desafió la rigidez de su clase y las severas limitaciones de una salud fragilísima (pulmones crónicamente enfermos y sordera parcial) para convertirse en una de las viajeras más intrépidas de su tiempo. Militó de forma muy activa en la Women Writers’ Suffrage League (WWSL), organización estrechamente vinculada a las United Suffragists, donde colaboró en campañas y publicaciones —radicalizándose tras la trágica muerte de la sufragista Emily Davison en 1913— y durante la Primera Guerra Mundial se entregó al trabajo social con mujeres sin recursos en los suburbios del East End londinense.

Al acabar la guerra, comenzó un asombroso periplo en solitario que la llevó a cruzar los Estados Unidos financiándose con trabajos precarios como criada, cobradora o librera.

Stella Benson con Virginia Woolf

De ahí saltó a una travesía por la India en 1920, un viaje fascinante donde unió fuerzas con la reformadora india Cornelia Sorabjee y llegó a entrevistar en persona a Mahatma Gandhi. Su llegada a China y su posterior matrimonio con James Carew O’Gorman Anderson en 1921 no frenaron su inquietud; Benson aborrecía el clasismo, la pacatería de los misioneros y el racismo de la comunidad colonial británica. Usó su posición para denunciar de forma sostenida y valiente la prostitución forzada y el tráfico de mujeres en Hong Kong.

Su prematura muerte a los 41 años en la Indochina francesa apagó una de las vidas más valientes de la época, provocando que Virginia Woolf anotara desolada en su diario: «Una sensación extraña: cuando una escritora como Stella Benson muere, la capacidad de respuesta de uno disminuye; el aquí y el ahora ya no estarán iluminados por ella… la vida se ha reducido».

A pesar de sus constantes traslados geográficos y sus crisis de salud, la producción de Benson fue extraordinariamente prolífica. No solo cultivó la poesía en volúmenes como Twenty (1918) o la crónica de viajes descarnada e irónica en Worlds Within Worlds (1928), sino que construyó una sólida carrera como novelista y cuentista.

Los solitarios (Living Alone 1919): Una fantasía extraordinariamente singular

Esta novela no es una historia de evasión de hadas y brujas al uso; es un espejo distorsionado de la Europa de posguerra. Benson utiliza lo fantástico con un humor británico, irónico y, por momentos, divertidísimo, pero con un trasfondo punzante.

Uno de los puntos más agudos de la novela es cómo desmitifica y desmantela la supuesta «gloria» o épica de la guerra. Frente a los discursos heroicos oficiales, Benson utiliza la sátira para retratar el conflicto como un engranaje absurdo, gris y deshumanizante que destruye la humanidad.

Además, Benson apunta sus dardos contra la burocracia estatal y los comités bélicos, demostrando lo ridículo de intentar clasificar y controlar el mundo (los oficiales de la novela intentan registrar la magia en formularios oficiales de la misma manera que el gobierno controlaba las raciones de guerra). También satiriza la falsa caridad de las clases altas, que se acercaban a los desfavorecidos por pura condescendencia y postureo social.

La ironía de lo fantástico: En la novela, la magia no sirve para ganar guerras ni realizar gestas épicas; es doméstica, un poco torpe y sirve para sobrellevar la gris realidad. La «Casa de Vivir Solos» es un refugio para los que no encajan, una metáfora perfecta de la búsqueda de la independencia individual —especialmente la femenina— frente a un mundo que exige uniformidad. La magia doméstica de Benson es, en sí misma, una forma de resistencia: una afirmación de que la autonomía femenina no necesita grandilocuencia, sino espacios propios donde la norma no gobierna. Livin Alone (Los solitarios) es un clamor por la paz, la belleza y la humanidad en un mundo brutal. 

El compromiso militante y la evolución literaria

I Pose (1915): Su debut literario ya anticipaba su urgencia política. Al entrelazar el viaje de un jardinero y una militante sufragista, Benson defiende abiertamente el derecho al voto de las mujeres y disecciona los prejuicios de la sociedad eduardiana. Curiosamente, la novela no esquiva la autocrítica y satiriza las propias dinámicas internas del movimiento, ganándose el elogio de Rebecca West, quien afirmó que era «la única novela de genio sobre el Sufragismo«.

Portadas de Michael Walmer

The Far-Away Bride / Tobit Transplanted (1930): Su consagración definitiva. Una bellísima y afilada novela ambientada en Manchuria que retrata la vida de los exiliados rusos blancos. Con esta obra obtuvo el prestigioso galardón internacional Femina Vie Heureuse en 1932, consolidándose en la primera línea de las letras anglosajonas antes de su fallecimiento.

The Man Who Missed the ‘Bus 1928) es una fantasía cuyo protagonista pierde la capacidad de ver rostros, hasta que ve el de la Muerte. El Munchausenesque Pull Devil – Pull Baker (1933), extrae cuentos fantásticos de una base escasa de hechos.

Entre las obras de interés más directo en ciencia ficción se incluyen el relato que da título a Christmas Formula and Other Stories (colección de 1932), cuyo protagonista es transportado en un misterioso transatlántico a una distopía británica de un futuro cercano habitada por ciudadanos creados artificialmente en un panorama mediático donde todo se ha monetizado; y  Mundos: An Unfinished Novel (1935), una novela de ciencia ficción ambientada en una isla imaginaria del Atlántico, gobernada por control remoto como una colonia de la Corona británica y habitada por una serie de personajes del siglo XX descritos satíricamente

Stella Benson por Cuthbert Julian Orde.1933

Incluir a Stella Benson en el proyecto sobre autoras de ciencia ficción y fantasía (1900-1950) no solo es de justicia histórica, sino que enriquece el núcleo de búsqueda de dos maneras fundamentales:

Una conversación generacional y transnacional. Estamos realizando un extraordinario descubrimiento: existe una conversación generacional y transnacional entre autoras feministas que exploraron en la primera mitad del siglo XX la literatura de ciencia Ficción o Fantasía. Esto cobra pleno sentido al conectar a Benson con su constelación literaria. Benson comparte con Cicely Hamilton (co-fundadora de la propia WWSL) la radiografía del trauma de la guerra y la sátira social; dialoga en la distancia con la distopía de Katharine Burdekin (La noche de la esvástica) al entender que el autoritarismo nace de las estructuras patriarcales; se sintoniza con las visiones incómodas de Karin Boye (Kallocaina) e Ilse Lagnér; e intercambia sintonía política con la austríaca Hermynia Zur Mühlen, quien desde sus cuentos de hadas e historias fantásticas de corte socialista también dinamitó las convenciones burguesas.

Resulta fascinante trazar la conexión directa entre la bruja cotidiana de Benson en Los solitarios (1919) y el universo de Hope Mirrlees en Entrebrumas (Lud-in-the-Mist, 1926). Ambas escritoras británicas revolucionaron el género al bajar la magia a la tierra. El mundo de las hadas y las brujas ya no es un cuento de hadas medieval, sino una fuerza subversiva, incómoda y poética que quiebra la rígida, aburrida y patriarcal respetabilidad de la sociedad que las rodeaba.

Redefiniendo el canon. Lo que emerge al revisar a esta autoras es una corriente subterránea, brillante y profundamente revolucionaria que el mercado editorial posterior intentó invisibilizar o maleditar. Benson encaja aquí como el ejemplo perfecto de que el canon de la primera mitad de siglo no estaba compuesto por voces aisladas, sino por una red informal de escritoras que, desde diferentes países y lenguas, compartían la misma urgencia creativa e idéntica mirada disidente. Hoy, gracias a proyectos de rescate en editoriales independientes como Libros de la vorágine, el lector en español puede por fin juzgar esta obra pionera en ediciones dignas de su genialidad.


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