Mujer, feminismo, ciencia ficción

Un fenómeno misterioso e inexplicado hace que de repente mueran casi todos los hombres, al menos en la zona de Buenos Aires y La Plata donde transcurre Anatomía humana (1993), del argentino Carlos Chernov (Buenos Aires, 1953). Con esta novela —y con su mezcla de distopía, sátira y delirio clínico— Chernov obtuvo el Premio Planeta de Argentina.

Su obra se caracteriza por dos ejes muy marcados: una extrañeza radical, esa sensación de que la realidad está ligeramente desfasada, como si algo esencial estuviera fuera de lugar; y un humor feroz, casi involuntario, que surge de situaciones absurdas llevadas al límite.

 Chernov combina su formación psiquiátrica con una imaginación desbordada: cuerpos, identidades, pulsiones y patologías aparecen en su narrativa no como diagnósticos, sino como auténticas máquinas narrativas.

Carlos Chernov

En Anatomía humana, Chernov sigue las aventuras y desventuras de un hombre superviviente (Mario), escritas con un tono de humor satírico que las hace sorprendentemente entretenidas, mientras nos muestra el derrumbe de la civilización y la caída de una sociedad formada únicamente por mujeres, ahora organizadas en sectas y clanes tribales próximos al salvajismo, incluso al canibalismo.

Una de las claves que más me ha incomodado es la búsqueda compulsiva de un hombre y, cuando lo encuentran, la lucha por la posesión de quien tiene un pene: la obsesión por el uso y abuso del de nuestro protagonista.

Como he señalado en mi monografía “Mundos sin hombres en la ciencia ficción”, las especulaciones de como serían mundos en los que los hombres han desaparecido son numerosas. En la mayoría de ellas -escritas por autoras feministas- las mujeres se organizan y logran levantar nuevas sociedades, mientras los hombres quedan como una sombra inaprensible del pasado.

A veces esas comunidades son utopías perfectas, planteando una cuestión inquietante: ¿la armonía social y la ausencia de violencia se consiguen pese a la ausencia de hombres, o precisamente porque no hay hombres?

Otras sociedades sin hombres que nos muestra la ficción especulativa no son tan idílicas, señalándonos que el hecho de que gobiernen las mujeres no garantiza una sociedad justa.

El caso de Anatomía humana es diferente, quizá porque desde el principio no se ubica en la tradición utópico‑distópica de los “mundos sin hombres”. Según la contraportada, la novela “refleja la gran crisis de los géneros sexuales…”, pero esa lectura no agota lo que Chernov propone.

Tras leer la novela, es fácil terminar con la sensación de que Chernov muestra cómo una sociedad sin hombres se fractura y cae en la barbarie, que las mujeres no son capaces de reconstruir la civilización ni de imaginar nuevas formas sociales.

Pero quizás la clave sea otra. Chernov no escribe una novela sobre las mujeres y sus angustias o esperanzas. Esta lectura se refuerza con la crítica de Alejandro Carrillo, “un mundo donde solo quedan unos cuantos hombres debería, en teoría, ser un libro muy femenino, pero este libro es muy hombre, muy literal, muy árido”.

Porque creo que no estamos en un libro de mujeres reales ni sociedades posibles, sino ante una parodia extrema del patriarcado, llevándolo al absurdo.

Dicho de otra manera: en Anatomía humana las mujeres no son “mujeres”, sino los restos deformados de un orden patriarcal que ha colapsado. Por eso siguen organizándose en clanes jerárquicos, reproducen lógicas de dominación, convierten al varón en fetiche y no logran imaginar otra forma de sociedad.

No porque “no puedan”, sino porque el mundo entero está construido con los escombros del patriarcado. Y ello lleva a una cuestión inquietante: ¿la sombra del patriarcado nos ha impregnado hasta los vestigios más íntimos de la conciencia, de modo que ni siquiera la desaparición de los hombres garantizaría su desmantelamiento? Esperemos no tener que llegar a ese extremo para comprobarlo.


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