Mujer, feminismo, ciencia ficción

El gótico rioplatense y la grieta de lo fantástico

1. Contexto histórico y biográfico esencial

Eduarda Mansilla nació en 1834 en el seno de la aristocracia porteña, en una Argentina marcada por las tensiones de la Confederación. Hija del general Lucio Norberto Mansilla y de Agustina Rozas —hermana de Juan Manuel de Rosas—, creció en un entorno donde el poder político convivía con una sofisticación cultural poco común. Su vida fue un continuo desplazamiento: Estados Unidos, Francia y otros centros europeos formaron parte de su biografía debido a la carrera diplomática de su esposo, Manuel Rafael García Aguirre.

A diferencia de otras escritoras que trabajaban desde márgenes simbólicos o geográficos, Mansilla lo hacía desde el corazón de los circuitos culturales del siglo XIX. Su obra periodística y literaria, incluso musical, fue muy amplia. Pero también supo acercarse a lo fantástico; ello le proporcionó herramientas estéticas —del gótico europeo al romanticismo oscuro— para interrogar las grietas de la realidad argentina. Políglota, música talentosa y una de las primeras mujeres en firmar con su propio nombre (aunque a veces usó el seudónimo “Daniel”), se abrió paso en un campo literario fuertemente masculinizado. Murió en Buenos aires en 1892.

2. Por qué es una pionera de la ficción especulativa

Eduarda Mansilla es una de las figuras fundacionales del fantástico rioplatense. Mientras la literatura de su tiempo se concentraba en la construcción de la nación a través del realismo o el costumbrismo pedagógico, ella también supo mirar hacia lo que la razón no explica. Introdujo el gótico psicológico, la duda ontológica y el motivo del doble décadas antes de que estos temas se consolidaran en la tradición argentina del siglo XX.

En el prefacio de sus relatos justificaba su alejamiento de la realidad inmediata con una claridad sorprendente: “Hay en el espíritu humano un deseo de lo desconocido, una sed de lo infinito que la realidad no sacia jamás. ¿Por qué limitarnos a lo que los ojos ven, si el alma presiente mundos que la luz del sol no alumbra?

3. Principales obras en clave especulativa

Su obra fundamental en clave de ficción especulativa es Creaciones (1883), una colección de relatos donde lo sobrenatural irrumpe como una fractura de las leyes físicas y temporales.

“El ramito de romero” es un cuento magistral donde tiempo y memoria se entrelazan con lo metafísico. La narradora describe la distorsión temporal con una precisión casi visionaria: “Aquel aroma no era un simple recuerdo; era un puente. Sentí que el tiempo, esa línea que creemos recta y firme, se doblaba sobre sí misma hasta hacer coincidir mi presente con un pasado que no me pertenecía, pero que me reclamaba con la fuerza de lo inevitable”.

En “La habitación olvidada” la arquitectura gótica —la casa como organismo vivo— se convierte en escenario para explorar traumas, presencias y espacios que desafían la lógica.

En cuanto al motivo del doble, Mansilla exploró la idea de que no somos seres únicos, un tema especulativo sobre la identidad que describe con escalofriante precisión: “¿Quién era aquella que me miraba desde el fondo del espejo? Sus ojos tenían mi color, su boca mi forma, pero en su mirada latía una sabiduría amarga, una existencia que yo no había vivido pero que, de algún modo, latía en mis venas como una sombra rebelde”.

Estos relatos anticipan preocupaciones que más tarde aparecerán en Lugones, Quiroga o Borges: la fragilidad del yo, la permeabilidad del tiempo y la irrupción de lo inexplicable en lo cotidiano.

4. Su aporte al pensamiento feminista

Fue una de las primeras mujeres en profesionalizar su carrera, negociar sus contratos y exigir reconocimiento intelectual en pie de igualdad con los hombres de su generación.

Su aporte feminista aparece en sus ensayos, artículos y pasajes de su obra narrativa en los que desarrolla una significativa reflexión crítica sobre la condición femenina. Como ha escrito recientemente Marcela Barrientos[i], “Eduarda Mansilla denuncia lo que ella misma nombra como la “barbarie” en la que la sociedad mantiene a las mujeres. Para Mansilla, la verdadera barbarie no reside únicamente en los márgenes geográficos o culturales, sino en un sistema que convierte a las mujeres en “parias del pensamiento”, privadas de educación, de autonomía intelectual y de participación en la vida pública”.

En su perspectiva, el encierro doméstico no es una protección natural, sino que funciona como una prisión simbólica. La falta de estímulos intelectuales, la ignorancia impuesta y la prohibición de pensar representan formas sutiles pero efectivas de control social. Así, escribir se transforma en un acto de resistencia y rebeldía: para Mansilla, redactar es una manera de escapar del confinamiento, romper la barrera de la reclusión y reivindicar el derecho a participar en el ámbito de las ideas.

En lo que se refiere a sus relatos fantásticos, las mujeres suelen ser los sujetos que experimentan la ruptura de la realidad. No son víctimas pasivas, sino sujetos capaces de percibir lo que el positivismo masculino ignora. Aquí, su gesto feminista reside en reclamar para las mujeres el derecho a lo enigmático, a lo metafísico, a la imaginación pura. Un territorio que la cultura decimonónica reservaba para los hombres.

5. Rasgos estilísticos y temáticos

Barrientos señala que “en cuanto a las temáticas de su narrativa, Mansilla trabajó con particular insistencia los conflictos entre civilización y barbarie, aunque desde una perspectiva singular. Lejos de reproducir acríticamente el discurso dominante de su tiempo, sus textos problematizan las jerarquías culturales, las tensiones entre Europa y América y, sobre todo, la violencia simbólica ejercida sobre los sujetos considerados “otros”: indígenas, mujeres, niños. En Lucía Miranda, por ejemplo, la reescritura del mito colonial no se limita a la aventura histórica, sino que expone la fragilidad del orden civilizatorio y la vulnerabilidad de los cuerpos femeninos atrapados entre dos mundos”.

La escritura de Mansilla es elegante, rica en matices y atravesada por una oscuridad latente. En la ficción especulativa domina el arte de hacer que lo familiar se vuelva extraño y amenazante. Sus personajes suelen dudar de sus propios sentidos, un rasgo típico de la literatura fantástica que ella introduce de forma pionera en el Cono Sur.

Imagen creada por IA a partir de las propuestas de la autora

7. Legado especulativo

Aunque durante mucho tiempo fue eclipsada por la fama de su hermano (Lucio V. Mansilla), la crítica contemporánea la ha situado en su lugar justo: el de una arquitecta de lo insólito. Su legado es la libertad de imaginar sin límites geográficos, abriendo la puerta para que lo fantástico se convirtiera en una seña de identidad de la literatura rioplatense. Mientras otros autores buscaban «la verdad» en los datos, Eduarda Mansilla la buscaba en las grietas de la realidad, convirtiéndose así en la precursora secreta de toda la literatura fantástica que vendría después en el Río de la Plata.


[i] Marcela Barrientos. La traducción rebelde de una voz femenina. En Masticadoresfem 2026


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