Cuando una plaga se cierne sobre el planeta y acaba con la humanidad, si queda alguna persona superviviente suele ser un hombre. Por eso no pude resistirme a leer “La última mujer sobre la tierra” (2021) que es la primera novela de la británica Bethany Clift.

La primera novela de este tipo que transcurre en un escenario postapocalíptico es “El último hombre” de Mary Shelley. Fue publicada en 1826. La narración transcurre en los últimos decenios del siglo XXI y detalla como la humanidad es destruida a causa de una plaga. De nuevo Shelley se convierte en pionera cuando plantea por primera vez la extinción de la especie humana por reacción de la propia naturaleza. Pero sin embargo esta interesante novela sufrió un importante rechazo y fue olvidada durante más de un siglo hasta que fe de nuevo publicada en 1960. En opinión de Virginia Moratel este rechazo es posible que se deba a la “molestia que provocó en los poderes fácticos su radical desafío al antropocentrismo. Al presentar la extinción de la humanidad por obra de la naturaleza, Shelley cuestionaba la posición privilegiada del hombre en el universo”.

A partir de la segunda mitad del siglo XX se han publicado numerosas obras en que queda un solo ser humano. Pero en realidad no suelen ser tan radicales como la de Shelley en la que desaparece toda la raza humana. En “Soy Leyenda” (1954) de Richard Matheson, la guerra bacteriológica no acaba con los seres humanos, sino que convierte a la mayoría de ellos en vampiros. Es una novela que ha tenido un amplio impacto pues fue precursora de toda la literatura y el cine de zombis. Hay que leer la novela original, y no limitarnos a las diversas versiones cinematográficas.

Más curiosas son las obras en las que la plaga o el virus ataca tan sólo a los hombres dejando indemnes a las mujeres. “Y, el último hombre” es una saga de comic escrita por Brian K. Vaughan y dibujada por Pía Guerra en la que un virus mata a cuanto bicho viviente tiene un cromosoma Y. Tras el previsible caos de este generocidio las mujeres empiezan a reconstruir todo. Pero curiosamente sobreviven misteriosamente un hombre y un mono -Yoris Brown y su mono Ampersand- que se convierten en un tesoro que todo el mundo quiere poseer, en principio para ver como salvar a la raza humana. De este comic se ha realizado recientemente una serie con el mismo título.

La película “El último hombre en el planeta” dirigida por Les Landau en 1999, parte de forma algo más burda de un planteamiento similar. Cuando estalla la Tercera Guerra Mundial se utiliza un arma biológica incurable llamada «bomba Y», que tiene como objetivo el cromosoma Y masculino, y provoca la muerte final del 97% de los hombres del mundo. Sintiendo que están mejor sin hombres, las mujeres del planeta deciden proscribir a los hombres porque ser demasiado violentos. En esas una brillante y “hermosa” científica, con el objetivo de satisfacer su deseo heterosexual (textual de la presentación), logra crear un hombre y claro la persecución del resto de mujeres es tremenda.

Como decía, el último ser humano del virus o la guerra bacteriológica es un hombre en todas estas obras. ¿Pero por qué el último ser humano sobreviviente no puede ser una mujer? Pues eso es lo que nos cuenta Bethany Clift en su novela.

Pero hay precedentes. Por ejemplo, una curiosidad clásica: la película “La última mujer sobre la tierra” rodada en 1960 por Roger Corman.

Un gánster llamado Harold, su esposa, Evelyn, y su joven abogado, Martin, están haciendo submarinismo en Puerto Rico. Mientras bucean algo pasa en el aire que extermina a todos los seres humanos. Y claro, cuando suben a la superficie se han convertido en los únicos supervivientes de la raza humana y Evelyn la última mujer de la Tierra

A partir de esta premisa la película transita por debates sobre el futuro de la raza humana en torno a un triángulo amoroso y los conflictos sobre moralidad, ética, propiedad ¡de la mujer!… Como veis, para más inri, el cartel de promoción de la película, en estética Pulp, no puede ser más desafortunado y con poca relación con el argumento. Pero por lo visto una mujer despampanante siempre sirve para vender entradas. La película se puede ver aquí en Youtube

Como novela sólo conozco otro precedente a la obra de Clift: es “La última mujer de Australia” (2011) de Francisco Villarrubia, con un planteamiento curioso. En esta novela, que tiene un ritmo trepidante, un virus misógino afecta a los hombres en Australia, de tal forma que les provoca una explosión de violencia destructiva hacia las mujeres. La llamada comunidad internacional se muestra impotente para detener a una masa de diez millones de hombres infectados del virus misógino que practican el exterminio sistemático de la mitad de la población. Verónica es la última mujer de Australia que trata de sobrevivir a un verdadero infierno.

La obra de Bethany Clift es más radical, pues, como en Shelley, es toda la especie humana la que cae víctima de un virus mortal (6DM, seis días máximo), quedando tan solo -sin que se sepa porqué- una única superviviente a la que seguimos a través de su diario y de la que nunca sabremos su nombre.

En novelas o películas de supervivencia es habitual que nuestro/a protagonista, personas corrientes hasta el momento, se enfrentan con éxito a las situaciones más comprometidas. Vamos que saben hacer hasta una traqueotomía con un boli.

No es el caso. Estamos ante una contumaz antihéroe que por momentos llega a irritarnos. Que en vez de buscar supervivientes del holocausto u organizarse para afrontar un futuro más que comprometido, busca hoteles de lujo para atiborrarse y emborracharse día y días.

Y claro, le pasa de todo, desde gaviotas o ratas asesinas, a inundaciones o tormentas indescriptibles. Pero, milagrosamente logra salir adelante. Y al final terminas tomándole cariño al personaje y a su compañero, un entrañable perro Golden Retriever llamado Lucky

Es una inútil de verdad, pero ante el fin del mundo poco a poco desarrolla una fuerza que no sabía que tenía sin dejar de ser un desastre andando. Creo con mucha gente que eso es lo mejor de la historia, una evolución que vas viendo paso a paso y por tanto te permite poco a poco sentir una enorme empatía con ella. Creo que es la clave de que el libro enganche.

A través de su diario nuestra protagonista nos va alternando entre el presente lleno de pesadillas y su vida pasada. Eso nos permite conocer como era su vida familiar y la relación con la gente que le importaba (James su esposo, su amigo gay, su resolutiva mejor amiga, sus padres…) y las razones para entender esa personalidad: su crónica dependencia de sus padres o de su esposo, la incapacidad de tomar sus propias decisiones o tomarlas pensando en lo que supuestamente quieren de ella en lugar de lo que ella quiere para sí misma.

Tengo la sensación de que la autora pretende precisamente poner patas arriba esa vida dependiente de otros, que incapacita a veces a muchas mujeres para tomar sus propias decisiones. Imaginaos cuando esas decisiones se refieren a enfrentarse al fin del mundo. En la obra encontramos detalles como este: “Al haberse originado el virus en un barrio residencial blanco, una habría creído imposible que los medios de derechas trataran de relacionarlo con los inmigrantes o con un país extranjero, pero sí lo hicieron”. Y, además, el final es sorprendente. Así que sí creo que se trata de una novela muy recomendable.

Bethany Clift