Resulta curiosa la historia la de “Los futurianos”, un grupo de muy activos aficionados a la ciencia ficción norteamericanos que entre 1935 y 1945 logró reunir a muchos de los que luego serían escritores o editores de primera línea del género.

Por allí estuvieron gente tan destacada como Frederik Pohl, Damon KnightCyril M. Kornbluth, James Blish o Donald A. Wollheim. Isaac Asimov siempre estuvo también simpatizando con el grupo, aunque no llegó a pertenecer al mismo. Algunos de ellos llegaron a compartir residencias comunes (la casa Futuriana). Brillantes, excéntricos y pobres, los futurianos inventaron su propia subcultura, con sus viviendas comunales, su folclore, canciones y juegos, incluso su propia religión falsa.

Les unía la mentalidad progresista. Muchos de ellos militaron en partidos o asociaciones de izquierda, incluso en el Partido Comunista. Este posicionamiento político les valió el rechazo de otros aficionados a la CF que alcanzó su punto álgido cuando se les prohibió la entrada a la 1ª Convención Ciencia Ficción (Worldcon).

Pero lo que nos interesa destacar de este grupo tan curioso es que la presencia femenina no sólo era habitual, sino que las mujeres eran miembros de pleno derecho. Las mujeres futurianas fueron escritoras, ilustradoras o agentes literarias, mujeres progresistas aficionadas a la ciencia ficción que vivieron con libertad, enfrentándose a la situación de postergación en la sociedad y a los convencionalismos de aquella época.

Entre ellas estaba Judith Merril seudónimo de Judith Josephine Grossman (1923-1997). Sus inicios como escritora de CF estuvieron ligados a su pertenencia a los futurianos. Escribió sobre todo narraciones cortas, publicadas mientras estuvo en EE.UU. en las revistas de género como Galaxy o Astounding.

La primera historia de ciencia ficción que consiguió publicar fue “That Only a Mother” (Sólo una madre). Un perturbador y conmovedor relato ambientado tras una Tercera Guerra Mundial por lo que todos los niños nacen deformes por la radiación. Contado desde una perspectiva femenina, poco habitual en aquella época, tuvo muchas dificultades para verse publicado precisamente debido a la crudeza de la narración y sus posibles consecuencias políticas en medio de la Guerra Fría y la amenaza nuclear. Finalmente vio a la luz en la revista en la revista Astounding en 1948 y luego fue recogido en la antología de Pamela Sargent “Mujeres y maravillas” en 1974.

Sólo publicó dos novelas en solitario y otras dos juntamente con C.M. Korbluth con el seudónimo Cyril Judd. En cambio, su labor como editora y recopiladora fue extraordinaria. Tanto es así que, tras su exilio a Canadá, donó su biblioteca a la Pública de Toronto, formando la que luego se llamaría “Colección Merril de ciencia ficción, especulación y fantasía”. La Colección Merril se considera la mayor de Canadá, compuesta por mas de 80.000 documentos y se considera una de las mejores colecciones de Ciencia ficción del mundo.

Con su actividad y la promoción de Asociaciones de aficionados a la Ciencia Ficción trabajó con ahínco para que el género que a ella le gustaba llamar “ficción especulativa” tuviera altas cotas de calidad, porque entendía que tenía que abandonar el espíritu de gueto para incluirse con todos los honores en la literatura general (mainstream).

Ethel Grossman, su madre, había sido una sufragista, una de las fundadoras de la organización sionista de mujeres Hadassah. Merril mantendría en su militancia ese modelo sionista-marxista desde la adolescencia. En 1939 cuando se firmó el pacto Hitler-Stalin se sumó al trotskismo. Su primer marido Dan Zissman, también era trotskista.

Siempre fue una militante extremadamente activa. A finales de la década de 1960 participó muy comprometidamente en el movimiento civil contra la Guerra de Vietnam. Fue precisamente la violencia que se ejerció contra los manifestantes contrarios a la guerra durante la Convención del Partido Demócrata de 1968 en Chicago, la que hizo que Merril decidiera emigrar a Canadá en 1969 y estableciera su nueva residencia en la ciudad de Toronto, donde ya viviría hasta su muerte. En 1976 consiguió la ciudadanía canadiense.

En Canadá siguió participando activamente en movimientos políticos como el movimiento pacifista. Uno de sus más simpáticos actos de protesta consistió en desplazarse a Otawa disfrazada de bruja para maldecir al Parlamento canadiense por permitir a Estados Unidos que sus misiles de crucero atravesaran el espacio aéreo canadiense. Juridth Merril murió en 1997. Cuando vio que se acercaba su muerte dejó una considerable cantidad de dinero destinado a que se organizara una fiesta funeral, detallando incluso quienes habían de ser invitados