Una escritora que en su tiempo estuvo entre las principales de la época victoriana por sus obras fantásticas y sobrenaturales. Que se relacionó con la élite de escritores de esa época. Y que publicó obras siempre transgresoras especialmente en torno a la sexualidad y al amor. Luego fue injustamente olvidada.

Rodha Broughton nació en 1840. Fue hija menor de un clérigo que le dio acceso en casa a los clásicos e incluso al latín y al griego. Cuando murieron sus padres se fue a vivir con su hermana Eleanor en 1864 al noreste de Gales.

Su primera novela “Not Wisely but Too Well” fue inicialmente rechazada por los editores, ya que se trataba de “material inadecuado” para la moral de entonces. Sólo la influencia de su tío, el destacado autor Sheridan Le Fanu, logró que finalmente en 1867 fuera editada. La destacada novelista y crítica literaria Geraldine Jewbury, consideró la historia “la historia más sensual que he leído en inglés en mucho tiempo”.

Rhoda siguió publicando de forma anónima hasta 1872, de tal forma que muchos lectores asumieron que era un hombre. Su segunda novela, también publicada en 1867, “Cometh up as a Flower” también buen calificada de sensacionalista. Sobre este libro, Margaret Oliphant, una de las mas famosas escritoras de la época, dijo que expresaba “pensamientos desagradables, una imaginación que prefiere lo impuro”, por su descripción de la sexualidad femenina, adulterio, bigamia y divorcio, y “que es una vergüenza para las mujeres escribir así”.

A lo largo de su vida publicó más de veinticinco obras de ficción. Sus heroínas siempre eran transgresoras para la época y su forma de abordar el amor y la sexualidad femenina le valieron una reputación de sensacionalismo y muchas críticas feroces de la sociedad bien pensante.

De ella dijo Anthony Trollope, uno de los novelistas ingleses más exitosos y respetados de la época victoriana, que la novelas de Broughton se encontraban en “las fronteras del vicio” y “ha hecho que sus damas hagan y digan cosas que las damas no harían ni dirían”.  

Después de la muerte del esposo de su hermana, en 1877, Rhoda y Eleanor se mudaron a Oxford, en cuya sociedad no tuvo muy buena acogida por sus novelas librepensadoras y su controvertida personalidad. Cosa que no pensaron otras escritoras y críticos de la época, por ejemplo, Mary Elizabeth Braddon que comentó que “Rhoda Broughton es un genio y un poeta en prosa”.

Rodha fue amiga cercana de los más conocidos escritores de la época como Henry James, Anthony Trollope, Matthew Arnold, Robert Browning, Anne Thackeray Ritchie, Thomas Hardy, entre otros. Logró ser una de las autoras más leídas en el muy extenso período victoriano, favorita del público lector que acudía, en busca de novedades, a las “circulating libraries”, librerías de préstamo en alquiler.

El crítico Richard C. Tobias, que estaba completando un estudio sobre ella en el momento de su muerte, en 2006, llama a Rhoda Broughton “la principal novelista en Inglaterra entre la muerte de George Eliot y el comienzo de la carrera de Virginia Woolf”.

Fue en efecto una autora que formó parte del célebre y prolífico grupo de escritoras victorianas del fantástico y lo sobrenatural. Voces femeninas que desde la escritura encaminaron sus esfuerzos creativos a remover las rígidas convenciones de su tiempo con el género fantástico y la inmersión en lo paradójico y lo desconocido.

Y ciertamente una característica importante en todas las novelas de Broughton es la crítica del papel y la posición de la mujer en la sociedad. Muy a menudo las mujeres de Broughton son personajes fuertes y con ellas logra subvertir las imágenes tradicionales de feminidad. Un ejemplo es “A Waif’s Progress” (1905), en la que imagina una pareja casada que trastoca todos los papeles tradicionales, con la esposa cumpliendo el estereotipo de un marido mayor y rico.

Otro ejemplo es “Dear Faustina” (1897), que trata sobre una heroína atraída por una chica liberada que no se preocupa por las convenciones sociales y dedica su tiempo a luchar contra la injusticia social. El toque homoerótico reaparece en Lavinia (1902), pero esta vez se trata de un joven al que con frecuencia se le hace parecer poco masculino e incluso expresa el deseo de haber nacido mujer. Esa novela también se ocupa de la locura de Gran Bretaña por los héroes de guerra. Muy sutilmente cuestiona las nociones dominantes de masculinidad.

Murió en 1920, tras escribir ininterrumpidamente durante casi sesenta años de su larga vida… Rhoda permaneció en gran parte olvidada durante muchos años después de su muerte, y solo comenzó a ser redescubierta a fines del siglo XX.

En España se han publicado dos colecciones de relatos: ¡Y he aquí que era un sueño! Historias inquietantes (en 2016) y “Cuentos del ocaso” (en 2020)