Henrietta Augusta Dugdale (1827-1918) fue una tenaz y firme defensora de los derechos de las mujeres australianas. Nació en Londres, pero tras su matrimonio con J.A. Davies a los 21 años se trasladó a Melbourne en 1852 con su esposo. Tras su muerte, se casó en 1853 con William Dugdale, con el que tuvo tres hijos. Aún tuvo otro matrimonio, en 1903 se casó con Frederick Johnson.

Henrietta Augusta Dugdale

Fue una mujer polifacética y adelantada. Hizo su propia ropa, cultivó plantas, hizo carpintería y fue una excelente jugadora de ajedrez, además, por supuesto de tomar un papel activo en los asuntos públicos. Murió el 17 de junio de 1918, a los 91 años.

Se conoce el comienzo de su lucha por la igualdad de las mujeres desde 1869 cuando lanzó una campaña a favor de la «justicia igualitaria para las mujeres». En 1884 fue la primera presidenta de la «Sociedad Sufragista de Victoria», la primera de Australia.

La brutalidad y oscuridad de su propia época la atribuyó sobre todo a la ignorancia y la vanidad masculina. Escribiría que “el mayor obstáculo para el progreso humano, el más irracional, feroz y poderoso de los monstruos de nuestro mundo, el único diablo, es la IGNORANCIA MASCULINA”. Su crítica a la incapacidad de los parlamentos para proteger a las mujeres de la violencia era demoledora.

Creía firmemente en el progreso y la perfectibilidad de la humanidad que para ella solo podía lograrse si había cooperación e igualdad entre los sexos. Pero no sólo. Dugdale defendió con ahínco mejorar la situación de las clases trabajadoras mediante una distribución más equitativa de la riqueza y la introducción de la jornada de ocho horas. Condenó a la monarquía como una institución reaccionaria que restringía el avance humano y se opuso vehementemente a la federación en el imperio británico. El cristianismo lo veía como otro despotismo formado por hombres para humillar a las mujeres, y a la mayoría de los cristianos los veía como hipócritas e intolerantes. Se describió a sí misma como una creyente en la “ética verdadera” en lugar de la moral religiosa.

La emancipación de la mujer era para ella el principal camino para el progreso humano y exhortó a las mujeres a deshacerse de sus cadenas, desechar su apatía y aprender a respetarse a sí mismas. 

En ese contexto de lucha por los derechos escribió en 1883 su única obra de ficción especulativa, una alegoría utópica corta llamada «A Few Hours in a Far Off Age» (Unas pocas horas en una época remota), lamentablemente no disponible en español.

No es que se trate de una gran obra literaria, pues está concebida más bien como un instrumento para la confrontación de ideas y de denuncia de la sociedad australiana de su tiempo. Y en este sentido tiene un indudable mérito.

La protagonista, una mujer anónima de la década de 1880, es transportada en un sueño a Alethia, una isla que surgió del océano después de un largo período glacial, miles de años en el futuro. En esta isla existe una comunidad idílica de personas físicamente hermosas e intelectualmente avanzadas, que viven en igualdad sexual y política y armonía social. La narradora pasa 36 horas en Alethia, tiempo durante el cual es testigo de la vida cotidiana de los alethianos.

Una de sus mayores reivindicaciones, el papel de la educación para cambiar las cosas, aparece en la novela en la que se describe de forma detallada el sistema educativo que utiliza un aprendizaje holístico combinando instrucción científica, de ingeniería, histórica y geológica. Los niños alethianos son respetuosos, estudiosos y disciplinados, y se enorgullecen de sus estudios. 

La narradora también observa cómo los alethianos visten prendas sueltas y favorecedoras, en contraste con el encorsetamiento de la vestimenta femenina de la época que tanto criticó y que le valió a su vez tantas enemistades. Explicaba que la moda femenina en el siglo XIX, exige una “reducción de la cintura” que “lesiona su perfecta salud… que es un requisito para [una] mente sana” “La naturaleza pensaba que [las mujeres] debían haber sido intelectuales, amables y veraces” pero las contorsiones del cuerpo dictadas por la moda han reducido a las mujeres a “herramientas de cerebro débil”, un estado de inferioridad cultivado por “hombres astutos” que han distraído a las mujeres con moda para que ellos “dicten leyes que te afectan a ti [a las mujeres] y a tus hijos… como él lo hace con cualquier otro animal que posea”.

Resulta además una obra adelantada que no sólo defiende el feminismo, sino que aquella sociedad ideal era respetuosa con la naturaleza, sus habitantes practicaban ejercicio diario y tenían una dieta vegetariana, con dos horarios fijos de comida cada día. Nicole Anae, de la Universidad de Queensland, considera que en esta obra encontramos una precursora aproximación al ecofeminismo.

También sugiere Dugdale en su novela que la exclusión de las mujeres de la industria y la política impide que la humanidad alcance su máximo potencial: en la historia de Alethia, la participación de las mujeres en la ingeniería, la ciencia y la agricultura ha llevado a descubrimientos que hicieron avanzar a la sociedad.

«A Few Hours in a Far Off Age» representa la fusión de las ideas de Dugdale sobre cómo se pueden mejorar la sociedad y las relaciones de género: su sueño de “un futuro brillante con verdad y esperanza”

Dugdale había sido desde luego una radical en el movimiento feminista de la primera ola en Australia, pero hoy es reconocida como una precursora del sufragio femenino y una de las primeras críticas feministas del país. Como homenaje a su vida y su obra la institución nacional para la lucha contra la violencia hacia las mujeres lleva su nombre: The Dugdale Trust for Women & Girls. Reconocimiento que ha alcanzado incluso a Google, que en 2017, le dedicó uno de los garabatos de su página de inicio de búsqueda.