Mujer, feminismo, ciencia ficción

Acabo de leer un libro encantador, El río tiene raíces. Hace algún tiempo leí Así se pierde la guerra en el tiempo. Ambas obras son de Amal El-Mohtar, aunque la segunda está escrita conjuntamente con el también canadiense Max Gladstone.

Amal El-Mohtar (1984) es poeta y escritora de ficción especulativa canadiense de ascendencia libanesa. Ha publicado relatos cortos, poesía y reseñas, y desde 2006 es editora de la revista trimestral de poesía fantástica Goblin Fruit. En enero de 2018 asumió la columna de reseñas de ciencia ficción y fantasía “Otherworldly” en The New York Times Book Review, sustituyendo a N. K. Jemisin.

Está casada y se declara bisexual. Mantiene un fuerte compromiso con el feminismo, con la defensa de las personas trans y con la solidaridad hacia los pueblos libanés y palestino ante el genocidio perpetrado por Israel. No me resisto a reproducir unas frases de los “Agradecimientos” de El río tiene raíces: “Escribí este libro bajo la angustia y la presión de ver cómo se negaban, se justificaban y se blanqueaban horribles crímenes de guerra contra mi pueblo mediante el mismo lenguaje que uso yo para contar historias… A todas las personas que han tenido el valor y la convicción de decir en alto ‘Palestina libre’, de hablar, gritar, escribir, manifestarse, contactar con sus representantes, enfrentarse a la injusticia y trabajar por la liberación de todos los pueblos: gracias”.

Así se pierde la guerra en el tiempo

Así se pierde la guerra en el tiempo (2019) es una novela LGBTIQ de amor, fantasía y ciencia ficción que ha ganado los premios BSFA, Nébula, Locus, Hugo, Aurora e Ignyte, muestra de su enorme repercusión. Está escrita de forma epistolar a cuatro manos: las cartas de Red fueron escritas íntegramente por Gladstone, y las de Blue por El-Mohtar. Aunque elaboraron un esquema previo, “las reacciones de cada personaje se desarrollaron con un genuino elemento de sorpresa al recibir cada carta, y las escenas que las acompañan se escribieron utilizando esa respuesta emocional”, explicaron en una entrevista en Strange Horizons.

Red y Blue son agentes que viajan por el tiempo y alteran la historia de múltiples universos en nombre de imperios enfrentados, cuyas líneas temporales se excluyen entre sí. En secreto, empiezan a intercambiar mensajes: primero provocadores, luego cada vez más íntimos, hasta convertirse en coqueteo y amor. Cuando la superior de Red descubre el contacto, la obliga a enviar a Blue un mensaje envenenado. Aunque Red intenta advertirla, Blue lo lee y sucumbe al veneno para evitar que se descubra su traición.

Lámina de Laya Rose
Lámina de Marina Vidal

Tiempo después, Red, sumida en la desesperación, encuentra un mensaje que sugiere que Blue fingió su muerte. Al revisar su correspondencia, reúne rastros del ADN de Blue presentes en las cartas; con ellos logra infiltrarse en su imperio y hacer que, durante la infancia de Blue, esta adquiera inmunidad al veneno, tal como se relataba en una carta anterior. La intervención es descubierta y Red es arrestada por su propio imperio. La víspera de su ejecución recibe una última carta de Blue: le anuncia que la liberará y la invita a luchar juntas contra ambos imperios.

Es una novela con varios niveles. Señala lecciones sobre la guerra del tiempo, un conflicto interminable y sin razón que consume generaciones, siglos, ahora y para siempre. Sus dos mensajes centrales son el papel del amor y de la resistencia para enfrentarse a ella. Y, sobre todo, que los soldados de ambos bandos suelen tener mucho más en común entre sí que con quienes permanecen a salvo en sus cuarteles generales dando órdenes, un mensaje hoy más necesario que nunca.

Por otro lado, la novela es coherente con su enfoque sobre la identidad de género. Red y Blue usan los pronombres ella, pero ninguna encaja en el molde heteronormativo de la feminidad; cada una representa el género de una docena de formas distintas, de modo que cuanto más diferentes parecen Blue y Red, menos importa realmente su género, como escribe Natalie Zutter.

El río tiene raíces

El río tiene raíces (2025) es un precioso cuento de hadas que Amal El-Mohtar acaba de publicar en solitario. En una reinterpretación moderna del cuento popular “Las dos hermanas”, la novela nos transporta al pueblo de Thistleford, por donde discurre el mágico río Solazar, que brota de sus fuentes secretas en Arcadia, la tierra de las hadas.

La historia sigue a las hermanas Esther e Ysabel Hawthorne, quienes cantan a los sauces que marcan la frontera con las Tierras Modales, tras las que se encuentra Arcadia. Sus voces armonizan y hacen vibrar a todo aquel que las escucha, manteniendo a los árboles vibrantes y sanos. Su amor es inconmensurable… “Dime: ¿hay algo que la muerte no pueda vencer? Dos hermanas cantando hasta el amanecer”.

Sin embargo, la tensión entre las dos comienza a aumentar cuando Esther es tentada por su amante Fae, Rin, une elfe de Arcadia, para irse con elle y dejar atrás su vida. Al mismo tiempo, su avieso vecino intenta seducir primero a una hermana y luego a la otra para apoderarse de sus tierras. Peligran su vínculo y sus vidas.

Según el crítico Ben Berman Ghan, hay una cualidad onírica y fluida que recorre la historia tanto en los momentos de ternura como en los de violencia, una cualidad ligada inexorablemente al lenguaje de la obra, a la belleza que comunica el cambio, el amor y la rabia. El-Mohtar lo declara desde la primera página: “¿Qué es la magia sino un cambio en el mundo?”, pregunta el narrador. “¿Qué es la conjugación sino una transformación, de una cosa en otra?

El mundo de El-Mohtar está lleno de magia: el tiempo funciona de manera diferente en Arcadia, las hadas son cambiaformas, el río mágico transforma los cuerpos y es capaz de alterar su curso.

A pesar de su brevedad (se hace corto; uno se queda esperando más), El río tiene raíces tiene mucho que decir. El amor familiar siempre está presente; el vínculo entre las dos hermanas, que antepone todo lo demás, ocupa un lugar central. El romance y la justicia también son temas constantes.

Pero, como la gramática y el lenguaje, los enfoques de El-Mohtar son complejos y multifacéticos. La transformación es evidente: las personas se convierten en animales, en objetos, en cosas completamente nuevas, conservando algún vínculo de identidad, como si se tratara de entrelazar la etimología de una palabra. La identidad de género pierde aquí su solidez.

A través del lenguaje, de los cuerpos, de los acertijos, de la música y la melodía, El río tiene raíces exige comprensión entre sus personajes, incluso cuando el lenguaje se transforma, se pierden las formas convencionales de hablar y todo depende de esa necesidad de comunicarse. En su tragedia y su triunfo, en su romance y su magia, la obra aborda un problema profundo y antiguo: el de intentar comunicarse cuando ya no se tiene acceso al lenguaje que antes se conocía.

Ben Berman Ghan concluye: “Cuando leo a El-Mohtar, me sumerjo en la calidad de sus palabras, dejando que el tono y el carácter del lenguaje me envuelvan, sin perder nunca el hilo de la narración. Es una experiencia sanadora. Es un momento tan reparador como revitalizante”.

Gramática terapéutica

En El río tiene raíces, la gramática no es solo un mecanismo del lenguaje: es una fuerza que altera el mundo, una magia que se condensa en “gramos” difíciles de pescar en el río Solazar y que, sin embargo, impregna todo. Esa gramática —hecha de música, de metamorfosis, de cuerpos que cambian sin perder su hilo de identidad— actúa como una forma de cuidado. Es terapéutica porque repara, porque devuelve a quienes la tocan la posibilidad de nombrar lo que parecía perdido, porque abre puentes allí donde el lenguaje convencional ya no alcanza. En ese sentido, la obra de El‑Mohtar propone una ética de la transformación y de la escucha: una gramática viva que sana, que acompaña, que permite a sus personajes —y a quienes la leemos— encontrar un lugar donde el cambio no es amenaza sino posibilidad.


Deja un comentario