Espiritismo, modernidad y deseo entre mujeres
1. Una vida entre dos mundos
Seguimos rastreando pioneras fuera del mundo anglosajón. La figura de Ángeles Vicente (Murcia, 1873 – Buenos Aires, 1918) es una de esas presencias que, al recuperarse, obligan a revisar el mapa entero. Su biografía, marcada por desplazamientos, heterodoxias y una libertad intelectual poco común en la España de entre siglos, explica en buena medida la singularidad de su obra. A los diez años emigró con su familia a Buenos Aires, y fue allí donde se formó en los ambientes del librepensamiento, la masonería y el espiritismo, tres corrientes que le ofrecieron un espacio de autonomía moral y de experimentación literaria. En esos círculos leyó a las autoras americanas, se acercó a las prácticas ocultistas y encontró un lenguaje para explorar lo fantástico, lo psíquico y lo científico desde una perspectiva que hoy reconocemos como tempranamente especulativa.
Su regreso a Europa en 1906 —primero Milán, después Madrid— la situó en un escenario literario que no estaba preparado para una escritora que hablaba sin filtros de sexualidad femenina, crítica social y estados alterados de la conciencia. En Madrid trabó relación con figuras como Felipe Trigo, Rubén Darío o Unamuno, y escandalizó a una prensa que no sabía cómo clasificarla: demasiado libre para el naturalismo, demasiado atrevida para la moral dominante, demasiado moderna para el canon. En 1916 volvió definitivamente a Argentina. Durante décadas se creyó que su pista se perdía en el silencio, hasta que un obituario de El Mundo confirmó su muerte en febrero de 1918. Su obra quedó dispersa, mal leída, y en buena medida olvidada.


2. Un universo literario adelantado a su tiempo
La literatura de Ángeles Vicente es un territorio híbrido donde conviven la crítica social, la exploración psíquica y la imaginación científica. No responde a los moldes de la narrativa femenina de su época, ni se acomoda a los límites del realismo. Su escritura se articula en tres ejes que, leídos hoy, revelan una audacia extraordinaria.
El primero es la denuncia de la subordinación de las mujeres. Vicente retrata la precariedad, la falta de educación, la violencia simbólica y material que atraviesa la vida femenina. No milita en organizaciones feministas, pero su obra es inequívocamente política: defiende la autonomía sexual, cuestiona la familia y la Iglesia como dispositivos de control, y reivindica la dignidad de las mujeres como sujetos de deseo y de pensamiento.
El segundo eje es la ficción especulativa. Sus relatos se adentran en el espiritismo, la hipnosis, las perturbaciones mentales y los estados liminales de la conciencia. Lo sobrenatural no aparece como un adorno, sino como una vía para interrogar la realidad y sus límites. En Los buitres y Sombras anticipa elementos de la ciencia ficción biológica y tecnológica, con visiones que, como han señalado estudios recientes, se adelantan en dos décadas a las críticas al maquinismo que luego formularían Fritz Lang o Chaplin.
El tercer eje es la representación del deseo entre mujeres. Vicente introduce escenas homoeróticas con una naturalidad que descoloca a la crítica de su tiempo y que hoy la sitúa como una pionera de la narrativa LGTBIQ+ en lengua española. No se trata de insinuaciones ni de veladuras simbólicas: sus personajes hablan del placer, de los afectos y de la experiencia corporal con una franqueza que resulta insólita en 1909.
3. Obras esenciales[i]
3.1. Teresilla (1907)
Su primera novela, publicada en Madrid y prologada por Felipe Trigo, aborda la indefensión social de una joven seducida y abandonada, empujada a la prostitución y finalmente a la muerte. Es una obra todavía irregular, pero contiene ya la preocupación central de Vicente: la vulnerabilidad estructural de las mujeres y la crítica a un sistema que las condena a la dependencia. El prólogo de Trigo, que la introduce en los círculos literarios madrileños, es un documento revelador del impacto que causó su llegada.
3.2. Zezé (1909)
Aquí aparece la escritora en plenitud. La novela transcurre durante una travesía entre Buenos Aires y Montevideo, donde dos mujeres —una cupletista y una escritora— comparten camarote y confidencias. Zezé narra su educación en un internado de monjas, su despertar afectivo y erótico junto a una compañera, y sus intentos de sobrevivir en Madrid. La obra es una de las primeras narraciones en lengua española que presenta el deseo entre mujeres desde la voz de una autora, sin moralismos ni castigos ejemplarizantes. La crítica social se articula en torno a tres instituciones —familia, escuela, Iglesia— que la novela identifica como los pilares de la opresión femenina. La recepción fue feroz: la prensa conservadora reaccionó con misoginia y escándalo, pero el texto quedó como un hito que hoy permite reconstruir una genealogía queer en la literatura hispánica.

3.3. Los buitres (1908)
En Los buitres, Vicente despliega una combinación sorprendente de sátira social y exploración fantástica. Como ha señalado Lola Robles, en este volumen se encuentran probablemente los primeros relatos de ciencia ficción escritos por una autora española.
Por ejemplo, «Los buitres» que da título al libro es un cuento de experimentación biológica en el que un terrorífico Doctor, con pretensiones de superhombre —“quiero demostraros que soy superior a todos los demás”— somete a unos personajes innominados para extirparles el cerebro, con el fin de convertirlos en buitres. El empeño del Doctor es regenerar a la humanidad
En el momento de la operación los somete a hipnosis. Hay una atmósfera terrorífica, acrecentada por el sobrecogedor laboratorio, donde se practica la extirpación de ojos y cerebro en un alarde de truculencia tremendista del más puro naturalismo, sin abandonar la visión crítica en todo el relato, ni ciertas alusiones espiritistas como la exaltación del espíritu sobre la materia.
Otro relato «Cuento absurdo» pertenece a la amplia parcela de la ficción científica que busca un mundo mejor, con una visión negativa de la sociedad. Combina la ciencia ficción, con las ideas libertarias de su protagonista —con las que se identifica la autora— y la crítica más severa de la sociedad, sobre la base de que el pueblo se envilece en su propia ambición. Un científico anarquista ha ideado la manera de destruir a la humanidad para regenerarla en un segundo, utilizando para ello ignorados fluidos interplanetarios, acumulados y dirigidos con precisión admirable, mediante un complicado aparato de su invención. En un momento quedarían aniquilados los hombres y cuantos animales son a él semejantes…
«La sorpresa», es un cuento carcelario, sorprendentemente progresista para la época. Está ambientado por primera vez en la literatura española en una cárcel de mujeres, con una crítica del mal trato que reciben las presas.
Algunos de estos relatos incorporan una sensibilidad crítica hacia el maquinismo y la deshumanización técnica que, leída hoy, resulta llamativamente precoz: una inquietud por el impacto del progreso industrial en la vida humana que décadas después cristalizaría en obras como Metrópolis de Fritz Lang o Tiempos modernos de Chaplin.

3.4. Sombras: cuentos psíquicos (1910)
El volumen se abre con una frase que condensa su poética: “Sola en mi habitación, hasta donde llegan los últimos rumores de la noche, estoy enferma y triste pensando en amargas y lúgubres quimeras y haciendo el análisis de mi vida, queriendo descifrar el enigma de mis pensamientos. En mi corazón se refleja como en un espejo la ansiedad de mi dolor, que me parece el espectro de un sueño……” En estos catorce cuentos psíquicos, Vicente explora el terror, el misterio y la percepción alterada. La mirada femenina, la introspección y la pregunta por el sentido de la existencia articulan un conjunto que dialoga con el simbolismo y con las corrientes ocultistas de la época, pero desde una sensibilidad propia, más inquieta y más radical.
4. Una pionera por recuperar
La obra de Ángeles Vicente obliga a revisar la historia literaria desde sus márgenes. Su escritura, adelantada a su tiempo, combina crítica social, imaginación especulativa y representación del deseo entre mujeres con una libertad que desbordó los límites de su época. Su figura se sitúa en la intersección entre la modernidad transatlántica, el espiritismo, la ciencia ficción temprana y la genealogía feminista y queer. Recuperarla no es solo un acto de justicia histórica: es una forma de ampliar el canon y de reconocer que la literatura española del siglo XX tuvo, desde muy temprano, voces que imaginaron otros mundos posibles.
[i] Ver Mercedes Barranco Sánchez “Ángeles Vicente García. Escritora erótica, espiritista y de ciencia ficción”. https://www.regmurcia.com/docs/nayades/N009/N9-001.pdf
Ver también Ángela Ena Bordonada “Literatura española femenina de ciencia ficción en la Edad de Plata: las pioneras”https://docta.ucm.es/bitstreams/868c3501-f97e-4f13-a2e4-e00e05cb2219/download
