Mujer, feminismo, ciencia ficción

Monarquía, esoterismo y el eco de la igualdad en la proto-ciencia ficción rusa

🌌 Una excepción luminosa en un paisaje literario restringido

En la Rusia del siglo XIX y las primeras décadas del XX surgieron muy pocas autoras en el ámbito de la ficción especulativa. La estructura social del Imperio zarista —basada en una aristocracia reaccionaria, una censura omnipresente y un acceso extremadamente limitado a la educación para las mujeres fuera de la nobleza— dificultó el florecimiento de voces femeninas en el debate cultural. En este contexto, las escritoras que lograron publicar pertenecían casi siempre a la élite ilustrada, y su relación con la igualdad de género fue desigual, ambivalente o directamente inexistente.

Por ello, las pioneras rusas que han llegado hasta nosotros representan excepciones dentro de ese sistema opresivo y reaccionario. Vera Kryzhanóvskaya (1857–1924) es una de esas excepciones. Su vida estuvo marcada por contrastes drásticos, un enorme éxito de masas en su época y un olvido trágico tras la Revolución de 1917, que la llevó a morir en el exilio en Estonia, sumida en la pobreza extrema.

Vera Kryzhanóvskaya

✍️ Una vida dictada por «Rochester»

Nacida en el seno de la antigua nobleza militar rusa, su trayectoria cambió al casarse con Sergei Semenov, un influyente diplomático y ferviente espiritista de la corte del zar. En este entorno saturado de misticismo, Kryzhanóvskaya floreció como una de las escritoras más prolíficas de su tiempo.

Sin embargo, ella jamás reclamó la autoría de sus textos. Afirmaba firmemente que sus novelas le eran dictadas mediante psicografía (escritura mediúmnica) por el espíritu de John Wilmot, el segundo conde de Rochester, un célebre y libertino poeta inglés del siglo XVII. Esta renuncia a la autoría, lejos de ser ingenua, funcionó como una brillante estrategia de legitimación en un mercado literario que desconfiaba de la autoridad intelectual femenina. Parapetarse tras la voz de un aristócrata varón le permitía escribir sobre cosmología, filosofía o política cósmica sin ser desautorizada por su género. Bajo la firma de J.W. Rochester, publicó cerca de un centenar de obras.

👑 ¿Por qué rescatar a una zarista en un blog de ciencia ficción feminista?

Desde un punto de vista político, Kryzhanóvskaya era una mujer profundamente conservadora, monárquica y defensora de la fe ortodoxa tradicional. Rechazaba de plano el feminismo civil y sufragista de su época, al que vinculaba con los movimientos revolucionarios de izquierda que amenazaban el orden imperial.

Por lo tanto, no puede ser considerada una pionera feminista en el sentido político. Su obra no nace de un programa emancipatorio. Es un caso similar al de la británica Eliza Lynn Linton, que sí incluimos en su día en este blog. Como decíamos en el caso de Linton, también la vida y la obra de Vera Kryzhanóvskaya, es otro ejemplo de cómo la historia —y especialmente la historia de las mujeres— no encaja en moldes simples. Su inclusión en este corpus puede funcionar no como modelo, sino como contrapunto: una figura que encarna las tensiones entre creación literaria en un entorno hostil para las mujeres, al tiempo que mantiene un antifeminismo declarado.

Nos muestra claramente como la ficción especulativa feminista no nació en un terreno homogéneo, sino en un campo de batalla de ideas, contradicciones y paradojas.

Kryzhanóvskaya merece un lugar en este proyecto porque trasladó sus inquietudes metafísicas a la ficción especulativa, y en esas páginas se coló, de forma inevitable, un eco de igualdad. Al romper las barreras de la realidad cotidiana a través de la imaginación, dotó a sus personajes femeninos de una agencia, un poder espiritual y una inteligencia idénticos o superiores a los de los hombres.

🚀 El universo especulativo: laboratorios involuntarios de igualdad

A diferencia de otras autoras de la Edad de Plata rusa, cuya producción se centró en la poesía o el relato breve, en Kryzhanóvskaya la ficción especulativa constituyó el grueso absoluto de su obra, transitando por la fantasía, el terror sobrenatural y una audaz proto-ciencia ficción. De toda su producción destacan dos hitos especulativos:

🧙‍♂️La Saga de los Magos (1901–1916): Esta pentalogía (que incluye El elixir de la larga vida, Los Magos, La ira de Dios, La muerte del planeta y Los Legisladores) es una de las primeras muestras de ciencia ficción espacial en Rusia. Construye un macro-universo cósmico que resuena con fenómenos actuales como Gideon la Novena de Tamsyn Muir, fusionando tecnología espacial con ocultismo (naves movidas por energía psíquica y pantallas que operan como espejos mágicos).

El “eco de la igualdad” se filtra con fuerza en esta Hermandad Cósmica: las mujeres no son acompañantes, sino magas de pleno derecho. Personajes como la maga Nara manejan las energías universales de forma independiente y toman decisiones geopolíticas interplanetarias cruciales. En un cosmos donde la jerarquía se basa en la evolución espiritual y no en el sexo, Kryzhanóvskaya imagina una igualdad que no existe en la Tierra, pero que funciona como laboratorio especulativo para pensar la agencia femenina.

La saga culmina con un tinte apocalíptico cuando la Tierra es destruida por su degradación moral, obligando a las magas y magos a evacuar a los elegidos hacia un nuevo mundo.

🎇Paraíso sin Adán (1917): Publicada en el turbulento año de la revolución, esta novela es una de las primeras utopías separatistas de género de la historia de la ciencia ficción, dialogando directamente con Herland (1915) de Charlotte Perkins Gilman y otras especulaciones de mundos sin hombres. Presenta un planeta idílico habitado y gobernado exclusivamente por mujeres que han desarrollado una civilización armónica de alta tecnología espiritual y reproducción por partenogénesis mística, tras haber desterrado a los hombres debido a su naturaleza violenta y belicista[1].

🧬 La gran paradoja y su legado

Aquí estalla la gran paradoja para nuestro análisis: Kryzhanóvskaya no escribe esta utopía separatista impulsada por las ideas de liberación femenina, sino desde un profundo hastío conservador ante el caos político y militar provocado por los hombres en la Primera Guerra Mundial. Para salvar la paz, el orden y la pureza espiritual, su mente monárquica decide prescindir por completo del varón. Cuando un grupo de hombres se infiltra en el planeta, introducen de inmediato la ambición, los celos y la destrucción.

La inclusión de Vera Kryzhanóvskaya en el catálogo del blog revela que la especulación literaria también fue un territorio explorado por mentes reaccionarias y aristocráticas. Su valor no responde a una militancia, sino a su capacidad para iluminar las fascinantes tensiones entre una ideología conservadora y una imaginación especulativa desbordante que, de manera involuntaria, abrió grietas hacia la libertad de las mujeres.


[1] La obra que con este título encontramos hoy en las librerías —ambientada en una comunidad de mujeres cercana a Boston— pertenece a otro Rochester, un autor distinto de Vera Kryzhanóvskaya, aunque así lo afirme en la portada. Kryzhanóvskaya escribió su utopía feminista “Paraíso sin Adan” con el pseudónimo que utilizó para casi todas sus obras J.W. Rochester. La coincidencia de seudónimo ha generado una confusión editorial persistente.


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