“Me hice feminista gracias a la ciencia ficción.” —Donna Haraway[1]
“La dialéctica marxista no explica la dominación de la mujer. Las mujeres serán libres cuando separen sexo y embarazo.” —Shulamith Firestone[2]
✍️ Introducción
La ciencia ficción ha sido históricamente un espacio dominado por imaginarios masculinos: sus héroes, escenarios y conflictos han reproducido una mirada donde los cuerpos femeninos apenas eran esbozados, y sus deseos ni soñados. Aunque hubo autoras que lograron abrir grietas en ese paisaje narrativo —marcado por normas puritanas y futuros asépticos— muchas se vieron forzadas a negociar con cánones que las relegaban a la sombra. Así, lo femenino quedó reducido a funciones secundarias o estereotipos, confinado en los márgenes del relato, lejos de protagonizar el deseo, la agencia o la disidencia.
Joanna Russ ya en 1974 advirtió sobre ello, denunciando “el extraordinario fracaso de la imaginación que permite que un mundo proyectado hacia el futuro posea como mitad de su población a una masa de amas de casa de la clase media”. Y remataba con agudeza: “En la CF aparecen un sinfín de imágenes femeninas. Apenas si aparece alguna mujer”. Esta crítica no solo pone en evidencia la superficialidad de muchas representaciones, sino que apunta al corazón ideológico de la ficción especulativa: la construcción del “otro”.
En esta misma clave, Ursula K. Le Guin abordó en 1975 la cuestión de la otredad, ampliándola más allá del género. Como ella misma expresó: “El problema que aquí se discute es la cuestión del otro, el ser que es distinto de uno mismo. Ese ser puede diferir de uno mismo en el sexo, en sus ingresos anuales, en su modo de hablar, de vestirse y actuar, en el color de su piel o en el número de piernas y cabezas que posea. En otras palabras, existe el extraño sexual, así como el extraño social, el extraño cultural y, finalmente, el extraño racial”.
La moral puritana que dominó buena parte de la ciencia ficción clásica relegó el sexo al margen, lo etiquetó como tabú y lo confinó fuera del imaginario especulativo, construyendo un escenario donde el deseo, el placer y la agencia femenina parecían inexistentes[3]
Frente a este vacío, frente a extrañamiento de las mujeres del canon, la segunda ola feminista provocó un cambio radical; nada volvió a ser igual en la ficción especulativa. Nació así la necesidad de una relectura feminista que devolviera complejidad y profundidad a las representaciones del cuerpo, el erotismo y la subjetividad.

Este trabajo explora cómo diversas obras literarias han desafiado aquella tradición excluyente, articulando narrativas potentes e influyentes en las que el sexo no es sólo presencia, sino también disidencia, política y transformación. En cada ola feminista, la ciencia ficción ha sido espejo, grieta y territorio de disputa. En los siguientes posts las iremos revelando en la medida de lo posible.
Y bueno, que son 5 entradas más, cada una independiente Un poco largo este trabajo “Sexo y Ciencia Ficción surfeando olas feministas”. Uf!!!!
[1] Haraway, D. (2020, 14 de septiembre). Me hice feminista gracias a la ciencia ficción. Entrevista por Isabel Lafont. El País. https://elpais.com/cultura/2020-09-14/donna-haraway-me-hice-feminista-gracias-a-la-ciencia-ficcion.html
[2] Firestone, S. (1970). The Dialectic of Sex: The Case for Feminist Revolution. New York: William Morrow and Company.
[3] Para profundizar en el papel de las mujeres en la CF antes de la explosión que supuso la segunda ola feminista ver ¡Mujer mantente en tu sitio! en este blog.
