Si no habéis visto la película «Metrópolis», aprovechad el confinamiento para correr a cualquier plataforma para verla porque está considerada obra cumbre del cine expresionista alemán y una de las grandes de la historia del cine. Seguramente es de sobra conocido que fue dirigida por Friz Lang y que se estrenó en Berlín el 10 de enero de 1927. En Filmin se pueden ver dos de las versiones más importantes. La original de 1927 restaurada de 1938 y la editada en 1984 por Giorgio Moroder.

Thea Von Harbou y Firtz Lang
Thea Von Harbou y Fritz Lang en 1923 o 1924

Sin embargo, es probable que no sea tan conocido que esta genial película fue la adaptación al cine de la novela homónima de Thea Von Harbou (1888-1954), por entonces esposa de Fritz Lang. Von Harbou fue escritora y guionista de unas 40 películas. Entre ellas dos hitos de la literatura de ciencia ficción: La citada «Metrópolis» (1927) y «La mujer en la luna» (1929).

Esta última se publicó como novela, casi simultáneamente que realizaba el guion de la película, ambos perfectamente entrelazados. Anticipa de forma muy fiel los viajes espaciales y destaca el papel de Frida, la voz razonable y científica de la expedición lunar, si bien tiene que pasar las servidumbres asignadas a su condición de mujer.

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Thea Von Harbou

Thea Von Harbou nació en el seno de una familia de aristócrata alemana, pero se labró una sólida carrera con escritora y pronto como guionista, firmando los guiones de películas como “Dr.Mabuse” (1921), “Los Nibelungos” (1924), “Metrópolis” (1927) o “La mujer en la Luna” (1929). Entre 1918 y 1933 mantiene una relación íntima y profesional con Fritz Lang, fruto de la cual salieron algunas de las obras mas importantes del cine expresionista alemán.

Harbou fue una comprometida militante por los derechos de las mujeres. En 1931 participa en las muchas manifestaciones que se producen contra la modificación del Código Penal alemán que criminaliza aún más el aborto y que dio lugar a millones de abortos clandestinos y provocó que murieran miles de mujeres. Escribió en un manifiesto que “las mujeres no podemos reconocer moralmente leyes creadas por hombres, que no comprenden la agonía de cargar con un hijo al que no se puede alimentar, y que provocan nuestra desigualdad constitucional en relación con ellos al hacer de la maternidad un baluarte contra la participación de las mujeres en la vida política y económica”.

Pese a su obra, en la que el papel de las mujeres está muy presente para la época, y pese a esa militancia por los derechos de estas, a Von Harbou no se la recuerda como una pionera feminista. Y es que Firtz Lang y ella tras su frutífera relación tomaron caminos divergentes ante el ascenso del fascismo. Lang se marchó de una Alemania ya dominada por los nazis para trabajar en Hollywood, en tanto Thea se unió al Partido Nacional Socialista, defendiendo sus tesis con pasión y poniendo su talento al servicio del nazismo como guionista o directora de un buen número de películas propagandísticas del régimen.

Aunque obtuvo una cierta rehabilitación en su país en los años 50, nunca llegó a volver a ser ver reconocido su papel en la historia del cine. Y no sólo ello, sino que fue objeto de toda una campaña de revisionismo histórico que negaba todas sus aportaciones.

Según la investigadora Elisa McCauland, Thea Von Harbou es “un ejemplo nítido de las relaciones paradójicas, ambivalentes, peligrosas, entre ciertas expresiones del feminismo y los totalitarismos surgidos en el primer tercio del siglo XX”. Como analiza la historiadora feminista Linda Gordons, “muchas mujeres se animaron a formar parte de ellas [las organizaciones de mujeres nazis] por las mismas razones que las habían llevado a unirse a movimientos progresistas y feministas: la rebelión contra el papel dócil, el confinamiento y el estatus social inferior de las mujeres en sus roles tradicionales…”. Y concluye: “La agencia política de las mujeres en el nazismo a partir de 1933 pendiente de ser analizado en profundidad”.

Metrópolis

Metrópolis es un referente obligado, tanto de la literatura como del cine de ciencia ficción. Sus motivos icónicos han sido imitados hasta la saciedad.

El argumento es conocido. Año 2026 en Metrópolis, la megaciudad del orden y los rascacielos futuristas, los señores viven una plácida existencia, mientras que los obreros trabajan para ellos, despersonalizados en la ciudad subterránea, controlando esclavizados enormes máquinas. La joven María predica la esperanza entre los trabajadores, y Freder, el hijo del amo de Metrópolis se enamora de ella, tras comprobar la injusticia social que su padre está permitiendo. Entonces, el amo ordena a un sabio la construcción de un androide a imagen de María, que deberá conducir a la perdición a la clase baja. La revuelta sin control dirigida por el robot provoca una gran destrucción en la ciudad y la muerte y el sufrimiento de miles de personas. Finalmente, el robot al que los obreros confunden con María es quemado por la turba. Vuelven María y Freder y el padre y amo se da cuenta de lo que ha hecho. Capitalistas y obreros deben a partir de ahí trabajar juntos en armonía para reconstruir la gran ciudad.

Pese a su desarrollo algo ingenuo para nuestros días el argumento es de una complejidad y profundidad asombrosas. Y admite desde luego una multitud de enfoques a veces contrapuestos.

En la obra existe una crítica feroz al maquinismo deshumanizado, a la alienación de la clase trabajadora, a la ociosidad de la clase dirigente y al capitalismo. De todas formas, cuando se crea “Metrópolis” estamos en los convulsivos años de la República de Weimar (1.919-1.933), con una permanente inestabilidad política y creciente crispación social. Alemania vive con los ignominiosos acuerdos que ha dado fin a la gran guerra. Todavía resuenan los ecos de las importantes revoluciones proletarias de 1918 y 1919 y de la revolución rusa y sus secuelas. Hay temor a la revuelta obrera, al comunismo y a la lucha de clases. Y ello se refleja perfectamente la novela.

Se produce una revolución, pero “la libertad no se puede conseguir con el pecado”. María predica la esperanza y la conciliación social, la lucha es una forma de pecado, y la libertad no se debe conseguir cometiendo pecado: “¡Tened paciencia, hermanos míos! El camino que vuestro mediador ha de tomar es largo. Muchos de entre vosotros clamáis por la lucha y la destrucción, pero yo os digo: no luchéis, hermanos, porque eso lleva al pecado. Creedme: vendrá uno que hablará por vosotros, que será el mediador entre vosotros y el hombre cuyo cerebro y voluntad se hallan por encima de todos. Él os dará lo más preciado: la libertad sin pecado”. No es extraño que la obra fascine a los nazis y a Goebbels.

Pero contradictoriamente es precisamente a partir de la destrucción cuando se alumbra esa posibilidad de libertad y justicia. Parece como si viniera a concluir que para levantar algo nuevo es preciso destruir lo preexistente. “Vosotros sufristeis y fuisteis redimidos por el sufrimiento. Así alcanzaréis la felicidad ¿vale la pena sufrir? Si.

Y esto del sufrimiento nos lleva a las analogías religiosas recurrentes más en la novela que en la película. Fruto posiblemente de la educación religiosa de Von Harbou pero también de su fascinación por la cultura india. Por ello está siempre muy presente la figura del salvador, de los líderes que dirigen las masas (la androide, el monje Desertus…) y la figura de la virgen.

María es la virgen, la redentora humanitaria, honesta, humilde, maternal. “Era a la vez doncella y amante, inviolable y graciosa también; su hermosa frente lucía la diadema de la divinidad, su voz la piedad misma, cada palabra una canción”. Por el contrario, su doble androide, el reverso tenebroso, la prostituta, fría, destructora, despiadada. Y esta es precisamente la que encabeza la revolución de tintes fantasmagóricos.

La utilización de un robot que escapa a todo control es precisamente otro de los hallazgos de esta novela, del que hasta entonces hay pocos precedentes; quizás Karel Čapek en R.U.R. (1920).

maxresdefaultHay más: el fanatismo, las rivalidades amorosas -amores un tanto increíbles, por cierto-, el fetichismo, el jugar a ser Dios… En fin, que quizás sea una obra con un argumento un tanto ingenuo visto desde hoy, pero que es una obra histórica de la literatura y el cine de género (y del mainstream) y que no olvidemos que es una de las primeras obras de ciencia ficción de éxito firmada por una mujer en el panorama europeo de aquellos años.

En este enlace podéis ver un pequeño corto con imágenes seleccionadas de la película. Y para profundizar más en la vida y obra de Thea Von Harbou, en Mujeres para la Historia.