Mujer, feminismo, ciencia ficción

En el vasto universo de Dune, creado por Frank Herbert, pocas organizaciones son tan enigmáticas y poderosas como la hermandad Bene Gesserit. Compuesta exclusivamente por mujeres, esta orden milenaria domina el arte de la política, la manipulación genética y la formación en las habilidades marciales y culturales con una precisión casi sobrenatural.

Las dos películas dirigidas por Denis Villeneuve, además de la serie “Dune la profecía” centrada en los orígenes de la Bene Gesserit, ha reavivado el interés acerca de la ecología, el poder y el papel de las mujeres en Dune y particularmente sobre la misteriosa orden de la Bene Gesserit.

El debate sobre las Bene Gesserit desde una óptica feminista (y ya aquí habría que hablar de diferentes ópticas feministas) se ha recrudecido con planteamientos muy distintos y una amplia polémica.

Este artículo intenta explorar esa compleja relación entre el feminismo y la Bene Gesserit, analizando si su influencia representa una forma de empoderamiento femenino o una sofisticada herramienta de control patriarcal. En el universo Dune donde el poder tiene rostro masculino, la Bene Gesserit ofrece una alternativa asombrosa, pero ambigua e inquietante.

La saga original escrita por Herbert está compuesta por seis libros [Dune (1965), El Mesías de Dune (1969), Hijos de Dune (1976), Dios emperador de Dune (1981), Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular Dune (1985)]. Habría que añadir las secuelas y precuelas perpetradas[1] por su hijo Brian Herbert en colaboración con Kevin J. Anderson, aptas solo para frikis.

Dune es un universo feudal, dominado por casas nobles, emperadores y estructuras feudales profundamente patriarcales. Ese es el contexto en el que hay que situar a la hermandad Bene Gesserit. En el mismo viene a representar una singularidad: una organización exclusivamente femenina en una sociedad muy patriarcal, que ejerce un poder inmenso sin necesidad de ejércitos ni tronos.

Sin embargo, pese a que la Bene Gesserit constituye un elemento central en el universo de Dune, ha faltado atención crítica sobre la misma siendo considerada simplemente un “recurso narrativo”. Y desde luego hasta fechas recientes, Dune no había sido ampliamente abordado desde una perspectiva feminista académica.

Muchos analistas resaltan los paralelismos de la Bene Gesserit con órdenes religiosas como la Iglesia Católica (especialmente durante la Edad Media) en su estructura jerárquica y su papel como guía espiritual y política.

Kara Kennedy[2], una de las mayores expertas en la serie Dune, ha destacado además la incorporación de influencias filosóficas orientales que promueven una relación holística entre mente y cuerpo, en contrasta con el dualismo cartesiano. La clave de todo en la Bene Gesserit, dice Kennedy, reside en su capacidad para controlar cada nervio y músculo del cuerpo mediante su entrenamiento en prana-bindu. De aquí se derivan otros tipos de control, como el reproductivo, que les permite elegir cuándo concebir y determinar el sexo de sus hijos. Poseen formidables habilidades de combate y pueden participar en el combate cuerpo a cuerpo sin depender de las armas. De hecho, se les considera más hábiles que las legendarias tropas Sardaukar del Emperador.

Las Bene Gesserit poseen un control vocal excepcional a través de la Voz, que ajustan a un registro específico para controlar a los demás y hacerles actuar conforme deseen

Su capacidad de percepción precisa les permite distinguir detalles minuciosos que la mayoría de la gente pasaría por alto. Esto les permite comprender mejor su entorno, a los demás y a sí mismas. Las Bene Gesserit también pueden detectar la verdad, lo que las convierte en una especie de detector de mentiras humano (y por eso cada casa dispone de una hermana “decidora de verdad”), y pueden implantar palabras clave en la psique de una persona para controlar su cuerpo en un momento posterior que ella elija.

A través de siglos de entrenamiento físico, mental y espiritual, las Bene Gesserit han perfeccionado estas habilidades que las han convertido en estrategas, consejeras y manipuladoras de primer nivel.

Pero, sin embargo, a pesar de sus sorprendentes capacidades y habilidades, la Bene Gesserit en lugar de ejercer un poder directo ha optado siempre por utilizar métodos indirectos para alcanzar sus objetivos, manipulando el orden social y político con sutileza, usando a menudo estrategias que abarcan generaciones. En un entorno donde las mujeres suelen ser relegadas a roles decorativos o reproductivos, las Bene Gesserit se convierten en arquitectas del destino humano.

Este conjunto de elementos señalados, combinados con su implacable pragmatismo, han hecho que la Bene Gesserit sea una fuerza muy poderosa, pero, al mismo tiempo, como antes decía, inquietante. Es legítimo preguntarnos ¿ese poder formidable realmente se alinea con los ideales de emancipación de las mujeres y de igualdad entre hombres y mujeres que propugna el feminismo?  

No podríamos contestar cabalmente a esta pregunta sin tener en cuenta que Frank Herbert publica Dune en el año 1965, justo en plena segunda ola feminista. Es difícil saber cómo influyó la misma en el diseño de la obra de Frank Herbert, aunque es cierto que ofrece una representación de mujeres que desafía los estereotipos de la ciencia ficción de su época, mostrando personajes femeninos con agencia propia, poder político, espiritual y reproductivo.

Kara kennedy[3] ofrece uno de los análisis más completos sobre la agencia femenina en Dune en su libro “Women’s Agency in the Dune Universe: Tracing Women’s Liberation through Science Fiction[4]”. Este libro emprende el primer análisis a gran escala de la agencia de las mujeres en la serie Dune de seis libros de Frank Herbert.

Kara Kennedy explora cómo los personajes femeninos en la Hermandad Bene Gesserit aseguran el control y la influencia a través de cinco vías de agencia corporizada: sinergia mente-cuerpo (control absoluto sobre sus funciones físicas y mentales, lo que les permite resistir coerción y manipular su entorno); reproducción y maternidad (aunque participan en un programa de cría como luego veremos, algunas (como Jessica) subvierten ese control, mostrando agencia individual; la Voz (La Voz permite el control directo de las personas y por tanto indirectamente proporciona capacidad de influir en la política y la religión); educación y memoria (acceso a una memoria ancestral exclusivamente femenina, que les otorga sabiduría colectiva); y sexualidad (usan su atractivo y conocimiento del cuerpo como herramientas de poder, aunque esto puede ser ambivalente desde una óptica feminista).

También analiza las limitaciones en su agencia, las tensiones entre la acción individual y colectiva y las comparaciones con otros personajes. Kennedy no presenta a la Bene Gesserit como un modelo feminista puro, sino como una figura ambigua: Feministas porque encarnan formas de poder femenino, autonomía corporal y conocimiento ancestral. Pero al tiempo dudosamente feministas, porque su agencia está limitada por una estructura jerárquica que instrumentaliza a las mujeres para fines políticos y genéticos.

El libro de Kara Kennedy se involucra con las teorías feministas de segunda ola para resaltar cómo la serie anticipó y fue paralela a los desarrollos en el movimiento de liberación femenina. En este contexto, aborda cuestiones relacionadas con la diferencia sexual y la solidaridad, así como la demanda de las mujeres de tener control sobre sus cuerpos. Kennedy concluye que la serie debería ser reconocida como una contribución significativa al género como parte de la segunda ola y de la ciencia ficción feminista.

Por su parte Sara Pardo Prado en su trabajo “Una aproximación a la perspectiva ecofeminista en Dune[5]” ve a la Bene Gesserit como una orden femenina que, aunque opera dentro de un sistema patriarcal, lo subvierte desde dentro mediante el control genético, la manipulación política y el conocimiento ancestral.

Pardo Prado destaca también cómo el cuerpo femenino, lejos de ser pasivo, se convierte en un espacio de resistencia y agencia. Las Bene Gesserit encarnan esta idea al usar su biología como herramienta de poder.

Por último, la autora vincula la figura de Paul Atreides y su formación Bene Gesserit con la idea de “sujeto nómade” de Rosi Braidotti, una identidad fluida que desafía las categorías fijas de género, especie y cultura

Lejos de estas opiniones se encuentra la de FantasticJaime en Peliplat: “A pesar de la clara autonomía y poder de las Bene Gesserit, sus objetivos y estrategias, en mi opinión, no resuenan con los principios del feminismo. El objetivo de la hermandad no es el avance de la liberación y la igualdad de las mujeres, sino la acumulación y consolidación del poder, típicamente mediante el engaño, la manipulación y la explotación, tácticas muy alejadas de los ideales de unidad e igualdad que forman la base de mi comprensión del feminismo[6]

La Bene Gesserit es presentada como una hermandad oscura, llena de secretos, que nos oculta buena parte de su complejo funcionamiento y objetivos. Teniendo eso en cuenta y con la prudencia de los 55 años que nos separan de su publicación y que en tanto eclosionaron la tercera y cuarta ola de los movimientos feministas, no parece que su objetivo sea luchar por la emancipación femenina.

Su enfoque es profundamente pragmático: manipulan religiones, influyen en casas nobles, y moldean la historia desde las sombras. Pero no parecen buscar la igualdad entre géneros, sino la supremacía estratégica de su orden, incluso si eso implica sacrificar a sus propias hermanas o instrumentalizar a otras mujeres.

Este pragmatismo político la aleja de los ideales del feminismo contemporáneo, que prioriza la equidad, la sororidad y la autonomía individual. Las Bene Gesserit no luchan contra el patriarcado: lo utilizan, lo infiltran y lo moldean a su favor. En lugar de confrontar el sistema, lo intentan manipular desde dentro. Esta ambigüedad moral las convierte en figuras fascinantes, pero también problemáticas: ¿puede considerarse feminista una organización que reproduce estructuras de poder jerárquicas, aunque estén lideradas por mujeres? Claro que quizás en 1965 estas no fuesen preocupaciones muy extendidas

Las Bene Gesserit llevan a cabo un programa eugenésico milenario, cruzando cuidadosamente linajes nobles para producir al “Kwisatz Haderach”, un ser -hombre- con superpoderes y habilidades prescientes.

Kennedy señala que este programa reduce a las mujeres a su función reproductiva, tratándolas como “vasijas” para un objetivo genético superior. También niega la maternidad libre: las hermanas no eligen cuándo ni con quién tener hijos; lo hacen por mandato de la orden. Y finalmente instrumentaliza el cuerpo femenino: el útero se convierte en un campo de batalla político y biológico.

Se puede sugerir, como hace Kennedy, que hay aquí una crítica implícita a las estructuras patriarcales que históricamente han controlado la fertilidad femenina, desde la medicina hasta la religión.

Sin embargo, concluye, que desde una perspectiva feminista el programa de cría de las Bene Gesserit simboliza la colonización del cuerpo femenino por estructuras de poder, incluso cuando esas estructuras son ejercidas por otras mujeres.

Kennedy acude para su análisis a pensadoras feministas como Shulamith Firestone. En La dialéctica del sexo (1970), Firestone argumenta que la opresión de las mujeres se basa en su rol biológico en la reproducción. Kennedy ve un eco de esto en el programa de cría de las Bene Gesserit, donde las mujeres son valoradas por su capacidad de producir descendencia “útil” para los fines de la orden.

También se apoya en Donna Haraway. En su Manifiesto Cyborg (1985), Haraway critica las dicotomías naturaleza/cultura y propone una visión del cuerpo como construcción política y tecnológica. Kennedy aplica esta idea al cuerpo Bene Gesserit, que es moldeado, entrenado y programado para fines institucionales.

Finalmente acude a Adrienne Rich. En Nacemos de mujer (1976), Rich distingue entre la maternidad como institución (controlada por el patriarcado) y la maternidad como experiencia (vivida desde la autonomía). El personaje Jessica representa esta tensión: desobedece a la orden y elige ser madre por amor, no por mandato, lo que Kennedy interpreta como un acto de resistencia feminista, si bien yo lo veo más como defensa de la propia subjetividad frente al mandato de la orden.

Lady Jessica es en efecto un caso clave, una figura de resistencia: desobedece a la orden al tener un hijo varón por amor a Leto Atreides, en lugar de la hija que se le había ordenado concebir. Con ello reivindica la maternidad como elección personal y no como un deber biopolítico. Representa también un punto de inflexión pues Paul se convierte en el Kwisatz Haderach antes de tiempo, alterando la cuidada planificación de la Bene Gesserit y el equilibrio de poder.

Kennedy concluye que Dune debe leerse como una obra que dialoga con el feminismo, aunque no lo abrace de forma explícita. Las Bene Gesserit son una representación ambigua: ni heroínas feministas ni simples instrumentos patriarcales, sino figuras que encarnan las tensiones del poder femenino en un mundo dominado por estructuras de control patriarcales.

La hermandad Bene Gesserit genera una fascinación inevitable. Su inteligencia estratégica, su autonomía y su capacidad para influir en un universo dominado por hombres las convierten en figuras admirables. Representan una agenda propia, una red de mujeres que no piden permiso para ejercer poder. Y recuperan tres elementos esenciales de los que se ha expropiado a las mujeres: el cuerpo, el control de la maternidad y el control de la voz.

Pero esa admiración convive con una inquietud profunda.

Su programa de cría genética, su secretismo y su disposición a instrumentalizar a otras mujeres revelan un modelo de poder que no busca la equidad, sino la supremacía. Y aquí es donde debemos ser precisos: el feminismo no aspira a instaurar un “poder femenino” que replique las estructuras patriarcales. No se trata de que las mujeres ocupen el lugar de los hombres en la cima del poder, sino de cuestionar por qué hay una cima, y a quién sirve.

La hermandad Bene Gesserit no busca esa transformación. Su poder, aunque ejercido por mujeres, reproduce las lógicas del sistema patriarcal: jerarquía, control, manipulación y subordinación de otras mujeres. Por eso, más que un modelo feminista, representan una advertencia: el género de quien ejerce el poder no garantiza su justicia.

Pero si en efecto las Bene Gesserit no son feministas en un sentido militante, sí representan una exploración profunda de la agencia femenina en un universo dominado por estructuras patriarcales.


[1] Ver LasFuriasMagazine

[2] En su blog Dune Scholar (https://dunescholar.com), Kara Kennedy tiene muchos análisis de interés (aunque sólo está en inglés para eso han inventado los traductores).

[3] Tracing Second-Wave Feminism Through Women in the Dune Series

[4] Women’s Agency in the Dune Universe: Tracing Women’s Liberation through Science Fiction

[5] Una aproximación a la perspectiva ecofeminista en Dune de Frank Herbert: naturaleza, sujeto nómade y concienciación medioambiental.

[6] ¿Es feminista la hermandad Bene Gesserit de Dune?


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