Ciencia ficción centroamericana ante el imperialismo estadounidense
En tiempos de imperialismos desatados —los de ayer y los de hoy— resulta casi un alivio encontrarse con dos pequeñas novelas centroamericanas que, desde comienzos del siglo XX, ya estaban pensando críticamente la relación entre Estados Unidos y la región. Me refiero a La promesa (1899) del guatemalteco Máximo Soto Hall y La caída del águila (1920) del costarricense Carlos Gagini Chavarría: dos ficciones breves, dos respuestas políticas, dos maneras de imaginar el futuro desde un territorio acosado.
🌋 Un contexto común: la sombra del águila

Ambas novelas nacen en un clima de intervenciones militares, imposiciones económicas y discursos civilizatorios que justificaban la expansión estadounidense en Centroamérica.
EE. UU. desarrolló la guerra por Cuba en 1898, expulsando a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Posteriormente ocupó la isla entre 1906-1909 y 1917-1922 (las llamadas “Sugar Interventions”) con el objetivo de proteger plantaciones azucareras estadounidenses.
En Panamá, en 1903, Estados Unidos apoyó activamente la separación de Panamá de Colombia mediante el envío de buques de guerra para asegurar la zona destinada a la construcción del canal, consolidando así una influencia decisiva tras la independencia.
En 1909 intervinieron en Nicaragua para derrocar al presidente José Santos Zelaya. En 1912 desembarcaron marines para apoyar al gobierno conservador de Adolfo Díaz frente a una rebelión liberal, iniciando una ocupación militar que duró —con breves interrupciones— hasta 1933.
Y por citar alguna más, en Honduras se realizaron múltiples desembarcos de marines en 1902, 1907, 1912 y 1919 para proteger intereses de empresas bananeras estadounidenses y mediar en conflictos internos o cambios de gobierno.
Estas acciones reflejaron la política del “Big Stick” (Gran Garrote) del presidente Theodore Roosevelt, orientada a mantener gobiernos estables y favorables a EE. UU. en la región. Súmese a ello las imposiciones económicas (United Fruit, ferrocarriles, enclaves bananeros), los golpes de Estado apoyados desde Washington y, particularmente, la extensión de un discurso civilizatorio que daba justificación étnica a la expansión imperial.
Ese clima no produjo una “anticipación” al estilo europeo, sino una ficción defensiva: literatura como trinchera política. La ciencia ficción se convierte en un lenguaje para pensar lo impensable: ¿qué futuro le espera a Centroamérica bajo la presión del imperio? ¿Qué formas de resistencia —o de resignación— pueden imaginarse?
📚 Dos sinopsis, dos respuestas
El problema
Julio Escalante, “último representante de una raza caballeresca”, regresa a Costa Rica en 1928. Su familia se divide entre proyanquis y antiyanquis ante la inminente anexión —por el convencimiento y la vía de los hechos, no militar— a Estados Unidos. Entre amores frustrados, identidades fracturadas y un país que siente ajeno, Julio termina lanzándose con su caballo contra el tren que lleva a su prima Emma —ya casada con un estadounidense— hacia su luna de miel. Una tragedia íntima como metáfora de una nación sin futuro propio.


La caída del águila
En un futuro cercano, Centroamérica ya es colonia de Estados Unidos —esta vez entre el convencimiento y la anexión militar—. Una sociedad secreta, los Caballeros de la Libertad, construye submarinos en un enclave oculto y se alía con Japón para enfrentar al imperio. Tras una serie de batallas con tecnologías que hoy reconoceríamos, los japoneses invaden Estados Unidos y el país se disuelve. El águila cae, y el resto del mundo acepta la libertad de los pueblos.
🔄 El diálogo entre ambas novelas
Aunque separadas por dos décadas, ambas obras dialogan intensamente. Comparten contexto, preocupaciones y un mismo marco ideológico positivista, pero llegan a conclusiones opuestas: El problema ve el dominio norteamericano como inevitable, casi natural. En cambio, La caída del águila denuncia el imperialismo y lo combate abiertamente.
A las dos las une su carácter de novelas-ensayo, con argumentos mínimos, donde la ciencia funciona como autoridad moral y la tecnología como mito de progreso. No buscan entretener: buscan convencer. Son panfletos disfrazados de ficción, pero panfletos con imaginación.

🦅 La nación como raza: un marco compartido
Lo más sorprendente, visto desde hoy, es la insistencia en explicar el destino de Centroamérica mediante un esquema racial binario: latinos vs. sajones.
En ambas novelas aparece la idea de que existen esas dos razas enfrentadas: la raza latina —emotiva, impulsiva, soñadora, brillante en lo artístico pero incapaz de sostener proyectos de largo plazo— y, en contraposición, la raza sajona —racional, disciplinada, científica, orientada al progreso y al dominio técnico del mundo—.
Este esquema no es inocente. Es un discurso racializado heredado del capitalismo ya imperialista de Estados Unidos, que pretendía explicar el atraso o la decadencia latinoamericana como un problema biológico o temperamental, no político ni económico. Es decir: la culpa no es del imperialismo, sino de la “naturaleza” de los pueblos. Y ahí está la trampa.
Sorprende la idealización de la “raza americana” como si fuera un bloque homogéneo, cuando en realidad Estados Unidos era —y es— un archipiélago multicultural, conflictivo y desigual. Pero en la imaginación latinoamericana de principios del siglo XX, Estados Unidos aparece como una unidad racial, una máquina de progreso, un modelo científico y una amenaza inevitable.
Ese mito funciona como justificación del expansionismo: si la “raza sajona” está destinada al progreso, entonces su dominio sobre la “raza latina” sería casi natural. Es un discurso profundamente colonial, pero disfrazado de ciencia.
Lo fascinante es que ambas novelas usan el mismo esquema racial… para llegar a conclusiones opuestas: El problema lo emplea para justificar el imperialismo o verlo como inevitable, mientras que La caída del águila lo usa precisamente para denunciarlo y combatirlo. Comparten el marco ideológico, pero no el proyecto político.


Carlos Gagini (1865-1925) — Máximo Soto Hall (1871-1943)
🔥 Contradicciones de clase: el liberalismo contra sí mismo
Las dos novelas revelan las tensiones internas del proyecto liberal centroamericano. La élite cafetalera, positivista y letrada se veía a sí misma como portadora de la civilización frente a la “barbarie” popular. Pero ese mismo discurso —que jerarquiza culturas dentro de la nación— termina justificando también la dominación estadounidense, percibida como aún más “civilizada”.
Es un proyecto autodestructivo: si la élite se legitima por su cercanía a la modernidad, ¿cómo impedir que Estados Unidos, más industrializado y poderoso, reclame ese mismo derecho?
En La promesa esto se expresa como explotación abierta; en La caída del águila, como ausencia total de las clases populares en el proyecto revolucionario. La nación imaginada es siempre oligárquica.
⚙️ Tecnología, modernidad y dependencia
La tecnología ocupa un lugar central en ambas obras: trenes, submarinos, máquinas de guerra, discursos científicos. Pero no es un símbolo de emancipación, sino de dependencia. La modernidad aparece como horizonte deseado pero monopolizado por el imperio.
En La caída del águila, la fantasía tecnológica —submarinos secretos, armas avanzadas, alianzas con Japón— funciona como compensación imaginaria ante la impotencia real. Es la ilusión de que la ciencia y la tecnología pueden alterar los equilibrios geopolíticos. Y creo que eso nos resuena hoy a la perfección.
👩🦰 La nación femenina, la política masculina
En ambas novelas, las mujeres son figuras simbólicas más que personajes: adornos narrativos, premios morales, encarnaciones de la nación.
Belleza, pureza, vulnerabilidad: la patria convertida en cuerpo femenino disputado por hombres. No tienen agencia propia, como tampoco la tiene la nación en estos relatos. La política es masculina; la patria, femenina; el conflicto, inevitable.

🌐 Futuros colonizados: el verdadero diálogo
Leídas juntas, La promesa y La caída del águila no solo revelan el miedo y la fascinación ante el poder estadounidense, sino también las grietas internas de las élites que imaginaron esos futuros. Ambas comparten el mismo marco racial, científico y positivista, pero lo usan para fines opuestos: una para justificar la subordinación, otra para imaginar la rebelión.
En ese choque aparece algo decisivo: la ciencia ficción centroamericana empieza a pensarse a sí misma como herramienta política, como laboratorio de futuros posibles y como espejo incómodo de sus propias contradicciones.
Son relatos de futuros colonizados, pero también de futuros disputados. Y en esa disputa —a veces trágica, a veces delirante— se abre el camino para las distopías antiimperialistas que vendrían después.
📚 Para saber más
- Verónica Ríos Quesada, El impacto de la publicación de la novela “El problema” de Soto Hall en la Costa Rica de 1899”, Universidad de Costa Rica, 2002.
- Verónica Ríos Quesada, Releyendo “La caída del águila” de Carlos Gagini: la mediación científica y la nostalgia de una novela antiimperialista de ciencia-ficción, University of Texas at Austin.
- Germán Gascón, El origen de las distopías latinoamericanas, Ciencia-Ficción.com.
- Lenardo Sancho Dobles, ‘La caída del águila’, de Carlos Gagini: la “rara avis” de la novela costarricense. Universidad de Costa Rica
