Tras recorrer los pilares clásicos y las voces contemporáneas, llegamos a un terreno que en España apenas se ha explorado: la presencia femenina en la ciencia ficción japonesa. Son autoras que han sido traducidas en los últimos años y que aportan una sensibilidad distinta, marcada por la memoria, el cuerpo, la fragilidad y la importancia de los cuidados

Yōko Ogawa: la distopía suave
En La policía de la memoria (Tusquets), Ogawa (n. 1962) imagina un mundo donde los objetos desaparecen y con ellos los recuerdos. Su estilo delicado convierte la distopía en una experiencia íntima: más que rebelión, hay una lenta aceptación de la pérdida, que es también una forma de resistencia silenciosa. Ogawa muestra cómo la ciencia ficción puede ser un espacio para pensar la memoria y el cuidado.

Moto Hagio: el shōjo como espacio especulativo
Figura clave del manga shōjo (un género del comic japonés dirigido principalmente a una audiencia femenina adolescente, centrado en emociones, relaciones, romance, amistad y desarrollo personal), Hagio (n. 1949) introdujo la ciencia ficción en este género asociado a lo sentimental. ¿Quién es el 11º pasajero? (ECC Ediciones) combina romance y especulación espacial, con un estilo suave y detallado, mostrando que el futuro también puede ser narrado desde la sensibilidad adolescente. Su obra abrió caminos para que el manga femenino explorara mundos alternativos.

Yukiko Motoya: sátira tecnológica
Motoya (n. 1979), ganadora del Premio Akutagawa, mezcla realismo mágico y distopía tecnológica. En Selección automática (publicada junto a Mis Eventos por Alianza), la inteligencia artificial, mediante una red de implantes personales, filtra la percepción para ofrecer una versión complaciente de la realidad, borrando todo aquello que resulte desagradable o incómodo. Pero ¿qué ocurriría si por un instante se produjese una desconexión de los implantes y la realidad tomase por asalto sus sentidos? Mis Eventos es una sátira social incomparable.

Yoko Tawada: migración y lenguaje
Escritora bilingüe en japonés y alemán, Tawada (n. 1960) ofrece una perspectiva transnacional. El emisario (Anagrama), obra ganadora del National Book Award en EE.UU., una novela que logra -como dice Eduar Marí- “distorsionar la ciencia ficción, las ucronías y las distopías y darles un nuevo significado”. Un Japón que tras una serie de desastres concatenados (que no se mencionan), se ha aislado y vive de espaldas al resto del mundo. Se ha abandonado toda tecnología, las grandes ciudades están despobladas, todos los animales silvestres han muerto, el suelo está envenenado. Siguiendo con Martí Tawada describe “la muerte de una sociedad que se desvanece poco a poco, sin darse cuenta, igual que le sucede a su lenguaje. Y cuando las palabras pierden su significado, todo está perdido”. Como toda obra compleja como esta admite múltiples enfoques. En este caso es también una reflexión sobre la vejez y la infancia como polos de vulnerabilidad.

Hiyoko Kurisu: la “healing fiction”
La “healing fiction” (que se puede traducir como “ficción curativa”) es un género literario cultivado en Japón que ofrece consuelo, calma y sanación emocional a través de historias centradas en personajes comunes que enfrentan desafíos vitales (soledad, pérdidas, estrés), buscando generar introspección y esperanza más que tramas complejas. Con la preciosa novela de cuentos La tienda de los deseos (NEKO Books, Planeta), Kurisu introduce esta vertiente más amable en la ficción especulativa: relatos fantásticos que buscan sanar, reconectar y ofrecer consuelo. Su obra muestra que la ciencia ficción japonesa también puede ser un espacio de reparación emocional.
Brevísimas notas sobre el feminismo en Japón
El feminismo en Japón tiene raíces lejanas que se remontan a la era Meiji (finales del siglo XIX) con pioneras como Hiratsuka Raichō (1886-1971, fundadora de la revista Seito – «Blanco» y de la Federación Femenina del Nuevo Japón) y Toyoko Shimizu (1868-1933) publicaron textos revolucionarios criticando el matrimonio y la subordinación femenina, inspiradas por el feminismo occidental.
El Uman Ribu, o simplemente Ribu, surge en la década de los años sesenta y setenta, representando la segunda ola de feminismo en Japón. El sistema patriarcal Meiji del modelo «Buena Esposa, Madre Sabia» fue objeto de desmontaje feminista. El Ribu se centró en la liberación sexual, el cuerpo femenino, la opresión laboral y la crítica al patriarcado en la vida cotidiana, no solo en lo político.
Entre las académicas feministas más destacadas de las últimas décadas en Japón se encuentran la socióloga Ueno Chizuko y la teórica feminista Ehara Yumiko.


En Wikipedia se puede encontrar un artículo bastante completo sobre el feminismo en Japón y su historia. https://es.wikipedia.org/wiki/Feminismo_en_Japón
¿Podemos hablar de una ciencia ficción feminista en Japón?
La presencia de estas autoras abre la pregunta: ¿existe una ciencia ficción feminista japonesa? La respuesta no es sencilla. A diferencia de la tradición anglosajona, en Japón las autoras trabajan desde sensibilidades más difusas: la memoria, el cuerpo, la fragilidad, la intimidad. La relación entre feminismo japonés y ciencia ficción es indirecta, pero significativa: las autoras no siempre se reivindican como feministas, aunque sus obras dialogan con preocupaciones centrales del feminismo japonés, como el cuerpo, el trabajo emocional y la fragilidad de los vínculos.
Ogawa y Tawada exploran la vulnerabilidad y el cuidado; Motoya satiriza la tecnología y el deseo; Hagio abre un espacio para la imaginación femenina en el manga; Kurisu propone la reparación emocional.
Más que una etiqueta cerrada, la ciencia ficción feminista en Japón es un campo de tensiones: entre la tradición literaria y el manga, entre la intimidad y la política, entre la impermanencia y la resistencia.
Un cierre abierto
La ciencia ficción japonesa escrita por mujeres nos invita a pensar el futuro desde la fragilidad y el cuidado, más que desde la épica tecnológica. En un mundo marcado por crisis ecológicas y sociales, quizá estas voces nos enseñen que imaginar el futuro no es sólo proyectar máquinas y catástrofes o sociedades oscuras y opresivas, sino también preguntarnos cómo cuidamos la memoria, el cuerpo y la comunidad.
