Mujer, feminismo, ciencia ficción

Tras los pilares clásicos, la ciencia ficción japonesa se adentró en un territorio más híbrido y global. Desde los años ochenta hasta hoy, encontramos autores que mezclan lo fantástico con lo cotidiano, que dialogan con la tradición anglosajona y que exploran nuevas formas de distopía. Son voces que han llegado al mercado español y que muestran cómo la CF japonesa se ha transformado en un laboratorio de sensibilidades contemporáneas.

Haruki Murakami: la distopía onírica

Murakami (n. 1949) es quizá el escritor japonés más conocido en España. Su obra no se encuadra en un marco de ciencia ficción estricta. Pero obras como 1Q84 o El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Tusquets) despliegan un universo donde lo fantástico se mezcla con la rutina urbana. Su ciencia ficción no es tecnológica, sino atmosférica: mundos paralelos, conspiraciones invisibles, personajes atrapados en la soledad. Murakami convierte la distopía en un sueño inquietante, donde la alienación es más poderosa que cualquier máquina.

Kazuo Ishiguro: la ética del futuro

Nacido en Nagasaki en 1954 y formado en Inglaterra, Ishiguro escribe en inglés, pero con la sensibilidad japonesa. Nunca me abandones y Klara y el sol (Anagrama) son novelas turbadoras que exploran la clonación y la inteligencia artificial desde una perspectiva ética y afectiva. Más que imaginar futuros espectaculares, Ishiguro se pregunta qué significa ser humano cuando la tecnología redefine el cuidado y la mortalidad. Su obra es un puente cultural: japonesa en su melancolía, anglosajona en su forma.

Keigo Higashino: el thriller científico

Conocido por sus novelas negras, Higashino (n. 1958) también se ha acercado a la ciencia ficción. Paradox 13 -que no está muy difundida en España- es un ejemplo de cómo el thriller puede convertirse en relato de catástrofe. Su estilo combina el rigor del misterio con la especulación científica, mostrando que la CF japonesa contemporánea no se limita a lo fantástico, sino que también explora el desastre como enigma narrativo.

Project Itoh: el ciberpunk biopolítico

Satoshi Itō utilizó en sus novelas el seudónimo Project Itoh. Itō (1974–2009) murió joven, pero dejó un legado intenso. Genocidal Organ y Harmony (Alpha Decay) son novelas que dialogan con el ciberpunk global, pero desde una perspectiva japonesa marcada por la biopolítica y el terrorismo. Sus mundos son oscuros, hipercontrolados, donde la tecnología se convierte en instrumento de guerra y vigilancia. Itoh representa la cara más dura y globalizada de la CF japonesa, un eco de Gibson y Stephenson, pero con un trasfondo ético propio.

Kōshun Takami: la crítica feroz

Battle Royale (Planeta Cómic) convirtió a Takami (n. 1969) en un referente mundial. Su relato de estudiantes obligados a matarse en un juego de supervivencia es brutal y polémico, pero también una crítica feroz a la sociedad japonesa: la presión escolar, la violencia institucional, la deshumanización. Takami muestra cómo la distopía puede ser un espejo incómodo, donde la violencia surge de cualquier alma mientras la humanidad y la empatía se desvanecen. Es más cercano a la denuncia social que al entretenimiento.

La ciencia ficción japonesa en la era global

Estas voces contemporáneas muestran que la CF japonesa no se ha quedado en los clichés de catástrofes o monstruos. Ha dialogado con la literatura mundial, ha explorado la ética de la tecnología y ha convertido la distopía en un espacio de crítica social.

Si los clásicos japoneses nos hablaban de alienación y catástrofe, los contemporáneos nos hablan de soledad, ética y vigilancia. La impermanencia sigue presente, pero ahora se mezcla con la globalización y la biopolítica. El siguiente paso será mirar hacia las autoras y preguntarnos: ¿existe una ciencia ficción feminista en Japón? ¿qué aportan estas voces al panorama global y qué nos enseñan sobre memoria, cuerpo y cuidado?


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