Cuando pensamos en ciencia ficción japonesa en España, la imaginación suele irse de inmediato hacia el manga, los kaiju de Godzilla o las películas de catástrofes. Son imágenes poderosas, pero también reduccionistas: detrás de ellas existe una tradición literaria rica, variada y sorprendentemente desconocida para el público hispanohablante.
La ciencia ficción japonesa no es un apéndice del anime ni un exotismo asociado a los desastres naturales. Es un campo donde se cruzan la memoria de Hiroshima y Nagasaki, la experiencia de la precariedad urbana, la fascinación por la tecnología y la persistencia de sensibilidades filosóficas propias, como la noción de impermanencia (mujo).

Aquí surge una tensión que merece ser pensada. Para quienes militamos en la acción social y política, la idea de que todo es efímero puede resultar incómoda, incluso paralizante. ¿Cómo transformar el mundo si todo está destinado a desvanecerse? Sin embargo, la literatura japonesa convierte esa fragilidad en motor narrativo: en lugar de héroes que salvan el planeta, encontramos comunidades que se adaptan, memorias que se deshacen, cuerpos que se transforman. La impermanencia no es resignación ni pasividad, sino consciencia del cambio; también un modo de narrar la vulnerabilidad y el cuidado.
Más allá de los clichés, la ciencia ficción japonesa nos invita a pensar en lo que desaparece, en lo que se transforma, y en lo que permanece como huella. Quizá ahí encontremos no sólo literatura, sino también una lección incómoda y necesaria para nuestro presente.
Este ciclo de tres capítulos quiere abrir esa puerta: desde los pilares clásicos que pensaron la alienación y la impermanencia, hasta las voces contemporáneas que dialogan con la globalización, pasando por las autoras que nos invitan a preguntarnos si existe una ciencia ficción feminista en Japón. Más que un mapa cerrado, es una invitación a explorar un territorio en el que el futuro se piensa desde una filosofía japonesa de la evanescencia y la adaptación, a veces incómoda, pero siempre construida desde la fragilidad, la memoria y el cuidado.
Cap.1️⃣Los pilares clásicos de la ciencia ficción japonesa
Si dejamos atrás los clichés y nos adentramos en la tradición literaria, descubrimos que la ciencia ficción japonesa tiene raíces profundas en autores que, desde la posguerra hasta finales del siglo XX, exploraron la alienación, el absurdo y la catástrofe con una seriedad que desmiente cualquier idea de “género menor”.

Kōbō Abe: la alienación como ciencia ficción
Abe (1924–1993) fue dramaturgo, fotógrafo y novelista. Muy conocido por La mujer de arena, sus obras, como El mapa calcinado o El cuaderno canguro, publicadas en España por Alianza y Siruela, se mueven entre la distopía y el absurdo. Más que imaginar futuros tecnológicos, Abe disecciona la soledad urbana y la pérdida de identidad en sociedades hiperindustrializadas. Su ciencia ficción es existencial: el futuro no está en las máquinas, sino en la desintegración del sujeto.

Shin’ichi Hoshi: el humor negro en miniatura
Con más de mil relatos breves, Hoshi (1926–1997) es considerado el padre del micro-relato japonés. Su estilo influenció enormemente el Tanpen shōsetsu (relato breve)moderno. Su recopilación Bokko-chan (Satori Ediciones) muestra cómo la ciencia ficción puede ser satírica, ligera y cruel al mismo tiempo. En apenas dos páginas, Hoshi ridiculiza la arrogancia tecnológica y expone las contradicciones sociales. Frente a la solemnidad anglosajona, su estilo es un recordatorio de que la especulación también puede ser un juego mordaz.

Sakyō Komatsu: la catástrofe como destino nacional
Komatsu (1931–2011), uno de los “tres grandes” de la ciencia ficción japonesa, llevó el género hacia el realismo científico. El hundimiento de Japón es su obra maestra: una novela de desastre nacional que imagina el colapso geológico del archipiélago. Más allá del espectáculo, Komatsu plantea una pregunta incómoda, profundamente japonesa: ¿qué significa ser japonés si el territorio mismo desaparece? Su narrativa conecta con la filosofía de la impermanencia, pero lo hace desde la ciencia dura y la política.

Yukio Mishima: la especulación como desvío
Aunque Mishima (1925–1970) no fue un autor de ciencia ficción en sentido estricto, su única obra de ciencia ficción fue La estrella más hermosa. Mishima, célebre por un activismo político marcado por un nacionalismo extremo y su trágico final (se suicidó con el ritual harakiri), introduce en esta novela un elemento cósmico que dialoga con la extinción humana debido a las armas nucleares. La pregunta que se plantea en esta obra es clásica en la CF: la cuestión de si el ser humano, responsable de la destrucción de este hermoso planeta, merece continuar existiendo. Su presencia nos recuerda que los grandes nombres de la literatura también se permitieron experimentar con lo fantástico.
Un legado incómodo y necesario
Estos autores clásicos muestran que la ciencia ficción japonesa no nació de los cómics ni de los monstruos gigantes, sino de una tradición literaria que se atrevió a pensar el absurdo, la catástrofe y la alienación como problemas filosóficos y sociales. En ellos late la incomodidad de la impermanencia: la identidad que se disuelve, el territorio que se hunde, la memoria que se borra.
Para quienes buscamos en la literatura herramientas de resistencia y acción, este legado puede parecer inquietante. Pero quizá ahí reside su valor: recordarnos que la fragilidad no es un obstáculo, sino un punto de partida para imaginar otras formas de comunidad y cuidado.
