Mujer, feminismo, ciencia ficción

Las aventuras de la China Iron (2017) es considerada una de las obras más disruptivas de la literatura latinoamericana reciente, precisamente por cómo utiliza la parodia y la reescritura para subvertir el canon nacional argentino, situándose explícitamente como una respuesta a la tradición gauchesca. La novela fue finalista del “International Booker Prize” en 2020, lo que demuestra la relevancia global de su propuesta decolonial. 

La autora

Su autora es Gabriela Cabezón Cámara (San Isidro, Argentina, 1968), una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y comprometida activista feminista y socioambiental. En una entrevista afirmó que «se ha agotado la razón occidental que ha sido muy generosa con una parte del mundo y muy cruel con otra, por lo que es necesario escuchar a otros que han sido tradicionalmente ignorados”. Ese es el espíritu que atraviesa sus obras en las que revisa temas que van desde la prostitución y la marginación, la Pampa, la tradición literaria argentina, mujeres trans o la gauchesca.

Su última novela, «Las niñas del naranjal» (2023), profundiza aún más en esta poética del barro y lo no humano que ya esbozaba en la China Iron.

Con las escritoras, periodistas e investigadoras Dolores Reyes, Claudia Aboaf, Soledad Barruti y Maristella Svampa lanzaron El territorio habla, el podcast del grupo “Mirá Socioambiental”. En él se presentan como “ecofeministas, periodistas e investigadores. Escuchamos a los territorios y a sus habitantes, allí donde la crisis climática que generaron los países más ricos impacta y se potencia de la mano del modelo extractivista que se expande en Argentina y América Latina, y le damos voz a las historias que viven las comunidades”.

El mito de Martin Fierro

El gaucho Martín Fierro

El Poema del Gaucho Martín Fierro (1872), escrito por José Hernández, es considerado como “libro nacional argentino”. Fierro encarna un héroe prototípico del ser argentino y, de alguna forma, fundacional de la Argentina moderna.

Pero el poema canta a la soledad y al individualismo atravesado por una extrema violencia, y nos muestra la disyuntiva sobre la que se levantó el país: para construir un «nosotros» se necesitaba un «otro» al que eliminar o someter (el indio, el gaucho díscolo, el «bárbaro»).

En el mito de Fierro, el Estado aparece solo para quitar: quita la familia, quita la tierra y envía al hombre a morir en la frontera (el fortín). Esta visión generó una relación de profunda desconfianza entre el ciudadano argentino y el Estado. El colapso de las instituciones y la sensación de que «el sistema» siempre está en contra del individuo son ecos directos de la tragedia de Fierro.

La historia argentina y los colapsos políticos actuales, con discursos como los de Milei y su “motosierra”, pueden leerse bajo esta lógica binaria y excluyente de civilización o barbarie. así como en la persistente invisibilización de las mujeres y las diversidades. Si el coronel Hernández quería domar el desierto con el alambrado, el discurso contemporáneo de la ‘motosierra’ busca podar todo lazo colectivo. Ambos coinciden en una visión extractivista y jerárquica que Cabezón Cámara dinamita con su utopía del Chaco.

El desmontaje de Martín Fierro

Desmontar la figura de Martin Fierro y su significado identitario en la mitología constituyente argentina es un gesto valiente y disruptivo. Eso es precisamente lo que hace Cabezón Cámara. Para ello opera con un desplazamiento del foco narrativo: en La China Iron el centro no está ya en el héroe, sino en la mujer—mencionada de pasada como “la china”— a la que él abandonó, tras someterla a brutalidades de todo tipo.

La China huye de la opresión doméstica y el patriarcado y se sube a la carreta de la escocesa (la gringa) Liz Whitehead en un viaje para buscar al marido de Liz, secuestrado por la leva efectuada por el ejército argentino.

La carreta es un espacio maravilloso y entrañable, casi como la de un buhonero de la que surge de todo, desde los vestidos, el wiski o más aún la libertad. La carreta de Liz es una «heterotopía» un lugar fuera de todos los lugares. Y el viaje de La China se convierte en un proceso de autodescubrimiento sexual y subjetivo. Su relación con Liz Whitehead introduce una sensibilidad queer que rompe con la masculinidad tóxica del gaucho tradicional. El cuerpo de la mujer deja de ser un territorio de conquista para convertirse en un espacio de goce y libertad

El autor de Martin Fierro como «villano» del proyecto nacional

En uno de los gestos de parodia e intertextualidad más potentes de la novela, el personaje del coronel José Hernández funciona como una encarnación satírica del autor real del Martín Fierro. Al convertir al autor en personaje, la novela lo señala como el ideólogo de un sistema opresivo.

En la estancia de Las Hortensias, el coronel Hernández no se dedica a la poesía, sino a la administración de un fortín que opera como laboratorio de “civilización”. Representa el intento de domar el desierto, fijar límites geográficos y establecer jerarquías de raza y clase. Sus discursos sobre la mejora de las razas y la transformación de los gauchos en mano de obra dócil reflejan el trasfondo utilitarista del proyecto de nación del siglo XIX. 

El personaje del coronel Hernández simboliza el paso del desierto libre, y de la carreta libertaria, a la estancia alambrada, el origen del poder terrateniente en Argentina. Muchos analistas ven en este modelo agroexportador original —basado en la concentración de tierras y el monocultivo— la semilla de las crisis económicas recurrentes.

En resumen, Cabezón Cámara no solo reescribe el poema, sino que juzga al autor dentro de su propia obra, convirtiéndolo en el símbolo de todo aquello de lo que la China debe huir para ser libre.

La utopía de una nación que pudo ser otra

La figura rígida y militarista del coronel Hernández sirve de contrapunto a la libertad absoluta que la China Iron encuentra después. Mientras Hernández necesita «un enemigo para hacer argentinos» y cree en la propiedad privada, la China termina integrándose en una comunidad donde no existen los límites ni los «otros» excluidos. 

En la tercera parte de la novela se propone una comunidad alternativa en el Chaco, una nación que no se basa en el Estado-nación moderno, la propiedad privada o el ejército. Esta «nación que realmente no fue» es políglota, multirracial y colectiva. Es una respuesta a la campaña del desierto y al exterminio indígena; una utopía donde la naturaleza y el ser humano conviven sin jerarquías extractivistas.

En Las aventuras de la China Iron, Cabezón Cámara no solo libera a los personajes, sino también al lenguaje. La novela mezcla el castellano con el guaraní, el inglés y giros poéticos contemporáneos. Esto es una declaración política: la Argentina del mito de Fierro era monoglota y rígida; la Argentina que propone la autora es plurilingüe y fluida.

De alguna forma la novela ofrece una refundación simbólica: frente a la Argentina que «fue» (el poema de 1872) y sigue siendo ahora, la autora propone una Argentina que «podría ser»: feminista, diversa, colectiva y en armonía con el planeta y sus vidas. 

Una vuelta de tuerca crítica al Antropoceno

Al concluir la lectura comprendemos que la China Iron no solo huye de un marido violento; huye de un modelo civilizatorio que entiende la tierra como un recurso a explotar. Su viaje es un tránsito desde el Antropoceno —el mundo de las máquinas y las fronteras de Liz y Hernández— hacia un Chthuluceno —término de Donna Haraway citado en estudios sobre la obra—, un tiempo de recuperación, relación con la naturaleza y vida compartida. 

La autora utiliza lo que algunos críticos llaman «narrativas del compost». En lugar de la destrucción extractiva, propone una comunidad (la de los Iñchiñ al final del libro) basada por un lado en el parentesco multiespecie: un futuro donde conviven hombres, mujeres y «dos espíritus» (identidades no binarias) con la flora y fauna en un estado de «resurgencia».

Y, por otro lado, la utopía final en el Chaco es una respuesta directa al Capitaloceno, proponiendo una vida nómada, políglota y colectiva que rechaza la propiedad privada, motor principal de la crisis ambiental. 

La masculinidad trágica vs. la Argentina queer

El mito fundacional de Fierro ensalza una masculinidad solitaria, violenta y melancólica como el ideal del «ser argentino».  Esa Argentina de «machos» y jerarquías es la que colapsa frente a los nuevos movimientos sociales y reaparece en discursos políticos contemporáneos de ultraderecha.

La obra propone una ecología queer, donde la liberación del cuerpo de la China y su sexualidad corre en paralelo a una nueva forma de habitar la tierra. Mientras que el modelo del Antropoceno se basa en la separación hombre/naturaleza, la China vive una «epifanía de luz» en la pampa. Su relación con Liz y con otros seres humanos y no humanos, recrea un entorno que no es de explotación, sino de simbiosis.

La sorpresa de esta tercera parte sobre el destino de Fierro no hace sino naturalizar esa alternativa de una Argentina que pudo ser.

Se puede bucear más sobre la visión sociopolítica de Gabriela Cabezón Cámara en entrevistas recientes, como la de Diacritik donde habla de inventar «otros mundos posibles». 

«En un presente marcado por la crisis climática y el retorno de retóricas excluyentes, la China Iron nos recuerda que la nación no tiene por qué ser un destino trágico, sino un espacio de goce colectivo aún por inventar.»

Resumen de «La China Iron» por capítulos: https://www.bookey.app/es/book/las-aventuras-de-la-china-iron


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