La distopía latinoamericana tiene una historia más profunda de lo que suele reconocerse. Como ha señalado Gastón Germán Caglia en el Sitio de Ciencia Ficción, es a finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando empiezan a aparecer en la región relatos que pueden considerarse plenamente ciencia ficción, y entre ellos, los primeros ejercicios distópicos [[1]]. Estos textos tempranos emergen en un continente atravesado por modernizaciones desiguales, proyectos científicos ambivalentes y tensiones entre tradición y progreso que pronto se convertirán en materia narrativa.
Si en el capítulo 2 examinamos las características generales de la distopía latinoamericana, aquí nos centramos en un aspecto más específico: cómo el siglo XX configuró las bases de esa tradición. A diferencia de la ciencia ficción hegemónica del Norte global —marcada por la fascinación tecnológica y los imaginarios expansionistas—, la producción latinoamericana del siglo XX se articula desde sus propias fracturas históricas. No busca replicar modelos tecnocientíficos, sino reinterpretarlos desde sociedades marcadas por dictaduras, desigualdades estructurales, extractivismos voraces y una modernidad siempre incompleta.
En este contexto, las distopías del siglo XX funcionan como un laboratorio crítico donde se ensayan respuestas a las crisis de la región. Más que escenarios futuristas, son herramientas para pensar el presente: denuncian el caudillismo, la dependencia económica y tecnológica, el autoritarismo, la desigualdad, el colapso ecológico y la persistencia de una teología política que ha moldeado la vida pública latinoamericana. El futuro imaginado se convierte así en un espejo deformante que revela las deudas históricas del continente [[2]].
Este capítulo propone un recorrido selectivo por nueve obras distópicas publicadas a lo largo del siglo XX, representando un amplio marco geográfico —México, el Cono Sur, Brasil, los Andes y el Caribe— y un abanico de preocupaciones que evolucionan con las décadas. Desde la planificación científica y la eugenesia de principios de siglo hasta la resistencia de la memoria, el colapso ambiental y las primeras narco-distopías de los años noventa, estas obras trazan un arco evolutivo que anticipa muchas de las obsesiones que dominarán la ciencia ficción latinoamericana del siglo XXI.
Eduardo Urzáiz – Eugenia: esbozo novelesco de costumbres futuras (1919) – México

Eugenia es una de las primeras distopías latinoamericanas que imagina el futuro desde la lógica de la planificación científica. Ambientada en un siglo XXIII donde el Estado regula la reproducción y la vida íntima, proyecta una utopía higienista que pronto revela su reverso autoritario. Urzáiz, médico y funcionario, construye un orden social basado en la eugenesia, presentada entonces como ideal de progreso, pero que resulta ser en realidad un mecanismo de control biopolítico en el que el individuo queda anulado por la planificación biológica y social.
La novela inaugura un cuestionamiento que recorrerá buena parte del siglo XX: la desconfianza hacia los proyectos modernizadores que prometen bienestar a cambio de obediencia. En el arco evolutivo del capítulo, Eugenia marca el punto de partida: el futuro aún se imagina desde la fe en la ciencia, pero ya deja entrever sus sombras.
Adolfo Bioy Casares – La invención de Morel (1940) – Argentina

Publicada en 1940, La invención de Morel introduce en la tradición distópica latinoamericana un giro decisivo: el futuro ya no se imagina desde la ingeniería social, sino desde el simulacro tecnológico. El dispositivo creado por Morel —capaz de capturar y reproducir eternamente la apariencia vital de las personas— convierte la inmortalidad en una condena de imágenes sin conciencia. Bioy explora así la alienación moderna: un mundo donde la repetición sustituye a la experiencia y donde la tecnología produce copias perfectas pero vacías.
En el arco evolutivo del capítulo, esta obra marca la transición desde la fe en la ciencia hacia la sospecha ontológica: el problema ya no es solo quién controla los cuerpos, sino qué queda de lo humano cuando la realidad puede duplicarse hasta borrar su origen. Una distopía del simulacro que anticipa debates contemporáneos sobre identidad, memoria y artificio
Hugo Correa – Los altísimos (1951) – Chile

Publicada en 1951, Los altísimos introduce en la distopía latinoamericana una dimensión metafísica que desplaza el foco desde la ingeniería social hacia la deshumanización total del sujeto. Correa imagina una sociedad subterránea perfectamente organizada, regida por una entidad superior que garantiza seguridad y bienestar a cambio de obediencia absoluta. La eficiencia se convierte en un mecanismo de sometimiento, y la vida colectiva se sostiene sobre la renuncia a la libertad y a la conciencia individual.
En el arco evolutivo del capítulo, esta obra representa el momento en que la distopía latinoamericana explora el poder tecnocrático como forma de trascendencia opresiva. Si Eugenia cuestionaba la biopolítica y Morel el simulacro, Los altísimos plantea el horror de un orden perfecto que exige la disolución de lo humano en nombre de la armonía.
Angélica Gorodischer – Opus dos (1967) – Argentina

Publicada en 1967, Opus dos introduce en la distopía latinoamericana una reflexión incisiva sobre el post‑apocalipsis y la persistencia del poder. En un futuro marcado por la devastación nuclear y la inversión de los roles raciales, Gorodischer muestra cómo la humanidad reconstruye sistemas de dominación incluso después del desastre. La novela desmonta la ilusión de que el colapso pueda generar necesariamente sociedades más justas: el prejuicio y la jerarquía reaparecen como fuerzas estructurales que sobreviven a cualquier catástrofe.
En el arco evolutivo del capítulo, Opus dos representa el momento en que la distopía latinoamericana abandona la ingeniería social y el simulacro para explorar la naturaleza cíclica de la opresión. Tras la eugenesia y la tecnocracia, aparece aquí la constatación de que el poder se reinventa incluso en las ruinas.
Ignácio de Loyola Brandão – Não verás país nenhum (1981) – Brasil

Publicada en 1981, Não verás país nenhum (“No verás ningún país”, traducción del título) es una de las ecodistopías más contundentes de la literatura brasileña. Brandão imagina un Brasil desertificado, sometido a un régimen autoritario que utiliza el colapso ambiental como herramienta de control social. La escasez de agua, la contaminación extrema y la vigilancia permanente convierten la supervivencia en un acto de obediencia. En este paisaje asfixiante, el deterioro ecológico y el deterioro político se vuelven inseparables: la devastación del territorio legitima la represión del Estado.
En el arco evolutivo del capítulo, la novela marca un giro decisivo hacia la distopía ambiental como diagnóstico de la modernización fallida en América Latina. Tras la eugenesia, el simulacro y la tecnocracia, Brandão muestra un futuro donde el colapso ecológico ya no es amenaza, sino condición cotidiana del autoritarismo.
José B. Adolph – Mañana las ratas (1984) – Perú

Publicada en 1984, Mañana las ratas ofrece una de las visiones más tempranas y lúcidas del neoliberalismo extremo en la ciencia ficción latinoamericana. Adolph imagina una Lima fragmentada donde el Estado ha sido desplazado por corporaciones que administran la vida social según criterios de eficiencia y rentabilidad. La ciudad se divide entre una élite tecnocrática hiperprotegida y una mayoría considerada “sobrante”, reducida a mera fuerza utilizable y descartable. La distopía no surge aquí de la represión estatal, sino de la lógica del mercado llevada a su límite.
En el arco evolutivo del capítulo, la novela marca la entrada de la distopía económico‑corporativa, que desplaza el control biopolítico y tecnocrático hacia un orden donde la desigualdad se vuelve estructura. Tras el colapso ambiental de Brandão, Adolph muestra un futuro gobernado por la segregación económica y el darwinismo urbano.
Daína Chaviano – Fábulas de una abuela extraterrestre (1988) – Cuba

Fábulas de una abuela extraterrestre es una de las distopías más sofisticadas de la ciencia ficción cubana. Tiene esa mezcla tan rara —y tan difícil de lograr— entre imaginación desbordada, ternura narrativa y una crítica política que nunca pierde profundidad. Chaviano utiliza la estructura de mundos paralelos para explorar el totalitarismo y el control del pensamiento, mostrando cómo la vigilancia ideológica puede infiltrarse incluso en los territorios más íntimos de la imaginación. La novela combina mitología, ciencia ficción y crítica política en un relato donde la fantasía se convierte en refugio y resistencia frente a un sistema que busca uniformar la conciencia bajo una verdad oficial única.
En el arco evolutivo del capítulo, esta obra introduce la distopía del control mental y simbólico, desplazando el foco desde la represión física hacia la colonización de la subjetividad. Tras el neoliberalismo extremo de Adolph, Chaviano muestra que el poder también opera moldeando lo que una sociedad puede soñar.
Ricardo Piglia – La ciudad ausente (1992) – Argentina

La ciudad ausente sitúa la distopía latinoamericana en el terreno del lenguaje, la memoria y la narración como resistencia. En una Buenos Aires vigilada por el Estado, una máquina de narrar —creada para preservar la conciencia de una mujer desaparecida— se convierte en el último refugio de la memoria social frente al control político y el olvido institucional. Piglia transforma la distopía en una reflexión sobre el poder de las historias: allí donde el Estado impone silencio, la ficción mantiene viva la memoria colectiva.
En el arco evolutivo del capítulo, esta obra introduce la distopía de la memoria, desplazando el foco desde la represión física o económica hacia la disputa por el relato. Tras el totalitarismo mental de Chaviano, Piglia muestra que la resistencia también se juega en la capacidad de seguir contando.
Homero Aridjis – La leyenda de los soles (1993) – México

Publicada en 1993, La leyenda de los soles combina mito mesoamericano, violencia contemporánea y colapso urbano para construir una de las primeras narco‑distopías de la literatura latinoamericana. Aridjis imagina un México donde el deterioro ecológico, la corrupción política y el poder del narcotráfico convergen en un paisaje apocalíptico que parece avanzar hacia la destrucción cíclica anunciada por los antiguos calendarios. La novela articula así una crítica doble: el presente se vuelve distópico no por un futuro lejano, sino por la continuidad de violencias históricas que nunca terminan de resolverse.
En el arco evolutivo del capítulo, esta obra marca el cierre del siglo XX distópico: un momento en que la crisis ambiental, la violencia criminal y la descomposición institucional se entrelazan para anticipar los temas que dominarán la ciencia ficción latinoamericana del siglo XXI.
🌅 En transición al siglo XXI
A lo largo del siglo XX, las distopías latinoamericanas fueron desplazando su foco desde la ingeniería social y la fe en la ciencia hacia el simulacro, la tecnocracia, el colapso ambiental, el neoliberalismo extremo, la vigilancia ideológica y la violencia criminal. Este recorrido revela una constante: cada década reescribe el futuro desde las crisis de su presente y confirma, una y otra vez, la intuición que ya había señalado Urzáiz en Eugenia: la desconfianza hacia los proyectos modernizadores que prometen bienestar a cambio de obediencia. Al llegar a los años noventa, la distopía ya no funciona como advertencia, sino como diagnóstico.
El siglo XXI heredará ese legado y lo llevará más lejos: la aceleración tecnológica —todavía en gran medida subordinada—, la expansión digital, las nuevas formas de extractivismo salvaje que impulsan una destrucción natural sin precedentes y aceleran el colapso ambiental, la persistencia de teologías políticas que ya demostraron su esterilidad, el ascenso de populismos ultraderechistas en numerosos gobiernos y la intensificación de desigualdades que recaen, como siempre, sobre los desposeídos.
Todo ello configura un escenario en el que la imaginación distópica se vuelve, más que nunca, una herramienta que, sin dejar de pensar en lo que está por venir, busca también sacudirse aquello que ya está presente.
[1] Gastón Germán Caglia: Los orígenes de las distopías en la ciencia ficción latinoamericana. Sitio de Ciencia Ficción: https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op03023.htm
[2] Claire Mercier – Ficciones distópicas latinoamericanas: Elaboraciones esquizo-utópicas. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-71812019000100115
