Mujer, feminismo, ciencia ficción

Ya durante el siglo XX germina una vertiente distópica [1] en la ficción especulativa latinoamericana que luego se expandirá con fuerza a lo largo del siglo XXI. La narrativa distópica en Latinoamérica crece disputando el territorio simbólico que durante décadas ocupó el realismo mágico. Diversos críticos han señalado que asistimos a una transición “entre Macondo y McOndo”: un desplazamiento en el que la ficción especulativa dejó de narrar linajes familiares envueltos en lo prodigioso para enfocarse en sociedades fracturadas por el neoliberalismo. McOndo —entendido como un gesto estético, político y literario de los años noventa— marcó la irrupción de una sensibilidad urbana y globalizada que denunciaba la violencia estructural de la modernidad latinoamericana. Si Macondo representaba la soledad del origen y el mito, McOndo encarna la soledad del desecho y la exclusión: el fin de la inocencia literaria. El asombro ante lo mágico cede su lugar a la angustia en una distopía globalizada y neoliberal.

A diferencia del realismo mágico —movimiento de raíces profundas y coherencia estética reconocida—, la distopía latinoamericana no posee un manifiesto ni un canon unificado. Se manifiesta, más bien, como un archipiélago de obras que dialogan desde las cicatrices de sus propios países. Sin embargo, ambas comparten un origen común: la transgresión del límite entre lo real y lo irreal para intentar nombrar lo inefable.

Según la periodista Emily Hart la nueva ficción especulativa latinoamericana “deja a un lado los campos de maíz y los rascacielos neoyorquinos y sitúan sus historias en la densa Amazonía, los escarpados paisajes montañosos andinos o en la inconfundible expansión urbana latinoamericana”. Por su parte la escritora Liliana Colanzi dice que “La sombra de la ciencia ficción anglosajona ha estado sobre nosotros durante mucho tiempo… pero estamos repensando lo que es ser latinoamericano”. Rodrigo Bastidas -editor de Vértigo- remata que “la actual explosión narrativa arroja una luz diferente sobre la región: es emancipadora y propone liberarse de las historias recicladas y los héroes extranjeros [2]. Estas voces contemporáneas confirman que la imaginación especulativa latinoamericana ya no mira hacia afuera en busca de modelos, sino hacia adentro, hacia sus propias fracturas históricas.

Es aquí donde la distopía latinoamericana marca su distancia radical con el canon de las distopías europeas clásicas (Zamiatin, Huxley, Orwell, Bradbury) [3]. Mientras la narrativa distópica europea de la mitad del siglo XX nos muestra un tenebroso futuro que no está presente todavía pero que llegará si no cambiamos el rumbo, la latinoamericana parte de una premisa mucho más devastadora: el colapso ya está aquí y ahora ¿cómo sobrevivimos a lo que ya perdimos?

No estamos por tanto ante una advertencia, sino ante una narrativa de la «post catástrofe persistente». Aquí el apocalipsis no es un evento que está por venir, sino una infraestructura de la crisis que ya habitamos. Estas obras actúan como espejos deformantes de las grietas de la región: dictaduras cercenadoras de lo humano, crisis económicas recurrentes, crecimiento exponencial de la desigualdad, crisis ambiental desbocada, violencia urbana desatada, ciudades que concentran, como un Aleph monstruoso, todas las fallas del sistema… Cada país escribe su propia pesadilla a partir de sus cicatrices históricas y presentes. Si Eduardo Galeano mapeó tempranamente el despojo histórico del continente [4], la actual ficción especulativa distópica mapea sus consecuencias en la psique y el cuerpo colectivo.

Se presenta, así, como una poética de la desesperanza, como expresa Clare Mercier en su ensayo de ese título [5]. El abatimiento que supura la distopía latinoamericana se fundamenta en los traumas históricos y presentes, vividos cotidianamente. Y al tiempo de alguna forma refleja la crisis política, psíquica y cultural  que supuso el ocaso de los proyectos emancipatorios que jalonaron el siglo XX.

En los años 70 y 80, las dictaduras del Cono Sur dejaron tras de sí una angustia por la memoria, la censura y la represión [6]. En los 90 y 2000, las crisis económicas e institucionales junto a las fracturas sociales inspiraron ficciones sobre el derrumbe de las ciudades y el regreso a la barbarie [7]. Y en tiempos recientes, la crisis ambiental y sanitaria junto a la llegada al poder de ultraderechas reaccionarias ha dado lugar a distopías de libertad, ecológicas y feministas que cuestionan la fragilidad de la vida cotidiana en un sistema que se hunde [8]. En efecto, no es que ofrezca muchas esperanzas, pero —como veremos a lo largo de esta serie— no es una literatura del pesimismo estructural, sino una literatura de la resistencia persistente. Porque en Latinoamérica, incluso cuando el cielo se apaga o la tierra se pudre, siempre hay alguien dispuesto a contar la historia de cómo seguimos aquí.

A través de las cinco siguientes entradas de este trabajo, nos propondremos recorrer este archipiélago de ruinas para desentrañar sus lógicas internas. En un primer momento (capitulo2), analizaremos las características y núcleos temáticos que definen esta sensibilidad regional —desde la narcodistopía hasta el tecnopaganismo—. Posteriormente, haremos una parada en algunas obras significativas del siglo XX (capitulo 3) para continuar con las que destacan en el siglo XXI (capitulo 4), explorando cómo dialogan con la biopolítica, la memoria y el colapso territorial. Finalmente, dedicaremos un espacio fundamental a la mirada feminista (capítulo 5), eje vertebrador que hoy lidera la imaginación especulativa en el continente, para intentar responder a una pregunta urgente: ¿Es la distopía latinoamericana un callejón sin salida o un ensayo de resistencia para el día después del fin? (capítulo 6).


[1] Usamos en este trabajo el concepto distopía de forma amplia, incluyendo tanto las narrativas distópicas en sí (representación ficticia de una sociedad futura o imaginaria con características opresivas, totalitarias, liberticidas y deshumanizadas) como en su acepción frecuente (y a mi modo de ver poco correcta) de escenarios apocalípticos en los que el protagonismo es de la lucha por la susupervivencia.

[2] Emily Hart: Ciencia ficción latinoamericana: disidentes zombis y extraterrestres en la Amazonía. Libros y autores de ciencia ficción latinoamericana – The New York Times

[3] Yevgueni Zamiatin, Nosotros (1924); Aldous Huxley, Un mundo feliz (1932); George Orwell, 1984 (1949); Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (1953).

[4] Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, 1971

[5] Claire Mercier, Poéticas de la desesperanza: distopías, crisis y catástrofes en la literatura hispanoamericana. Cuarto Propio, 2024

[6] Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria, Siglo XXI, 2002

[7] Beatriz Sarlo, La ciudad vista. Mercancías y cultura urbana, Siglo XXI, 2009

[8] Gisela Heffes, Políticas de la destrucción / Poéticas de la preservación: narrativa argentina contemporánea y ecocrítica, Beatriz Viterbo, 2013


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