Pionera de la fantasía oscura y precursora de la ciencia ficción feminista
1. Biografía y formación

Gertrude Myrtle Barrows nació el 18 de septiembre de 1884 en Minneapolis, hija de Charles Barrows, veterano de la Guerra Civil, y Carrie Hatch. Cursó estudios hasta octavo grado (equivalente a educación primaria) y, tras la muerte de su padre en 1892, se formó como taquígrafa para sostener a su familia.
En 1909 se casó con el periodista Stewart Bennett y se trasladó a Filadelfia. Al enviudar al año siguiente, cuando su esposo falleció durante una expedición —posiblemente periodística— en Florida, quedó a cargo de una hija recién nacida y de su madre enferma, mientras continuaba trabajando como mecanógrafa. Tras el fallecimiento de su madre en 1920, se instaló en California, donde vivió hasta su muerte el 2 de febrero de 1948 en San Francisco.
2. Activismo silencioso y seudónimo
Aunque no militó en organizaciones políticas, Bennett practicó un activismo silencioso al irrumpir en el mundo literario bajo el seudónimo masculino Francis Stevens. Esta estrategia le permitió sortear los prejuicios de género de la época y garantizar que sus relatos fueran evaluados sin filtros editoriales sexistas. Tanto es así que durante algún tiempo se sospechó que Francis Stevens era el seudónimo literario utilizado por uno de los autores nroteamericanos de mayor popularidad en aquellos días: Abraham Merrit.
Su caso no fue aislado: a lo largo del siglo XIX y XX, muchas autoras recurrieron a seudónimos masculinos para poder publicar en géneros donde las mujeres no lo podían hacer, como la ficción especulativa, la aventura o la ciencia ficción. El ejemplo más conocido es el de Alice Bradley Sheldon, quien escribió durante décadas bajo el nombre de James Tiptree Jr., ocultando su identidad incluso a colegas y lectores, y logrando reconocimiento en un entorno que posiblemente habría desestimado su obra de haber sabido que era mujer.
En sus relatos, Stevens imaginó sociedades alternativas donde las mujeres gobernaban y la equidad era la norma, anticipando debates que décadas después alimentarían la ciencia ficción feminista. Su gesto fue doblemente audaz: escribir en un género dominado por hombres y hacerlo desde una voz que desafiaba las jerarquías de género sin proclamas explícitas.
3. Carrera literaria

A los diecisiete años publicó su primer cuento, “The Curious Experience of Thomas Dunbar”, en Argosy bajo la firma “G. M. Barrows” (marzo de 1904). Fue la primera mujer en firmar una historia de ciencia ficción con su propio nombre, aunque sin que se reconociera públicamente su género.
Tras un largo paréntesis motivado por sus obligaciones familiares, regresó en 1917 reinventada como Francis Stevens. Entre 1917 y 1923 escribió y vendió varias novelas y relatos cortos a revistas como Argosy y All-Story Weekly, consolidándose como una voz pionera del dark fantasy y del proto-weird fiction.
4. La isla amiga (1918)
Publicación y contexto
Publicado por entregas en Argosy durante la Primera Guerra Mundial, su recepción pasó casi desapercibida en su momento, hoy se reconoce como una de las primeras utopías feministas con elementos de ciencia ficción ecológica.
Sinopsis
Se trata de un cuento en el que Stevens describe una aventura en la que participan separamente un militar y una marinera, que llegan en momentos distintos a unas islas «vivas» que son capaces de reaccionar empáticamente al estado de animo ya las formas de actuar de sus «huéspedes» . La isla no es un paraíso idealizado, sino una sociedad compleja que ha evolucionado de forma autónoma, con gran sensibilidad propia, todo un ser vivo.



Pero lo más destacado es que en la sociedad de partida, aquella de la que salen los viajeros, se han invertido totalmente los roles de género: las mujeres ejercen el poder político, científico y social, evidenciando que la autoridad no responde a un “orden natural”, sino a construcciones culturales reversibles.
Tanto es así que la casualidad del encuentro con aquella Isla Amiga — Anita — es narrada en un bar a un escuchante «por una curtida loba de mar» como una de sus muchas aventuras marineras. Como dice su traductor y editor Francisco J. Arellano, «si a nosotros nos choca este cambio de roles tan drástico, háganse una idea de lo que pensarían , hombres y mujeres, en 1918 cuando lo leyesen por primera vez«. En todo caso Stevens no se detiene mucho en la descripción de la sociedad de mujeres de partida sino en la aventura que supone encontrarse con una isla «viva» con conciencia propia y sentimientos. Eso sí se insinúan avances tecnológicos sin parangón para la época y se deja bien clara en pocas frases la inversión contundente de roles
5. La ciudadela del miedo (1918)
«Una alegoría trágica y maravillosa, asombrosa y estremecedora» H.P. Lovecraft
Publicación y contexto
Publicada por entregas en Argosy durante 1918, La ciudadela del miedo es una novela de fantasía oscura que se sitúa en la época contemporánea a la Primera Guerra Mundial, aunque su acción transcurre lejos de los frentes bélicos. La historia se inscribe en el tropo clásico de la “ciudad perdida”, donde viajeros modernos descubren un enclave oculto que ha sobrevivido al margen del mundo occidental. Esta estructura narrativa permite a Stevens explorar el choque entre racionalidad científica, mitología ancestral y pulsiones coloniales.
Sinopsis
Dos aventureros —uno de ellos con formación científica— se adentran en una región remota de América Central y descubren Tlapallan, una ciudad secreta de herencia azteca donde el culto a Quetzalcóatl convive con la figura terrorífica de Nacoc-Yaotl. Capturados por los llamados “indios blancos”, son arrastrados a una serie de rituales oscuros que otorgan poderes destructivos y desatan fuerzas sobrenaturales. La ciudad, aislada durante siglos, ha desarrollado una cosmovisión propia en la que la ciencia, la religión y el horror se entrelazan.



Temas destacados
Crítica al colonialismo y al mito del descubrimiento: la llegada de los protagonistas activa una cadena de tensiones entre dominación y resistencia. La ciudad no es un simple escenario exótico, sino un espejo oscuro de las ambiciones imperiales.
Horror vegetal y mitología sincrética: Stevens combina elementos del imaginario mesoamericano con una sensibilidad proto-weird. Las deidades no son meros decorados, sino presencias activas que desestabilizan la lógica occidental.
Ambigüedad moral y poder ancestral: los rituales no son presentados como meras supersticiones, sino como tecnologías simbólicas que otorgan poder a costa de dilemas éticos. La novela plantea una pregunta inquietante: ¿quién tiene derecho a manipular lo sagrado?
Lectura crítica
Leída hoy, La ciudadela del miedo puede incomodar por su exotización de lo indígena, pero también ofrece una crítica implícita al impulso colonizador y a la arrogancia científica. Stevens no idealiza ni demoniza por completo a ninguna de las culturas enfrentadas, sino que construye un espacio de ambigüedad donde el horror emerge precisamente de la imposibilidad de comprender al otro sin destruirlo.
Su editor y traductor al español – José Miguel Pallarés – analizaba que “La novela es hija de su tiempo y no se escapa de algunos de los clichés más clásicos del Pulp. No obstante, lo que marcaba la diferencia, y la marca todavía, son esos otros detalles que caracterizaron su producción literaria: interés inusitado en la documentación científica e histórica, preocupación por la coherencia argumental, marcado gusto por lo mórbido, un singular poder evocador, capacidad para crear ambientes opresivos y alguna escena desasosegante, estilo preciso, filia hacia los detalles de la vida cotidiana y una dosificación espléndida a la hora de alternar los momentos de acción y reposo”.

6. Conclusiones y legado
Gertrude Barrows Bennett, bajo el seudónimo Francis Stevens, legó en apenas seis años una obra diversa que abarca utopías femeninas, distopías y mundos perdidos. Su audacia temática y su resistencia personal la convierten en una figura clave en la genealogía de la fantasía oscura.
Su influencia alcanza a autores como H. P. Lovecraft y Robert E. Howard, y su obra sigue ofreciendo lecturas ricas sobre poder, género, colonialismo y sostenibilidad. Aunque las dos obras citadas fueron traducidas al español hace años, su circulación fue escasa y hoy resultan prácticamente inencontrables[i]). La lectura directa realizada años atrás permite recuperar matices que de otro modo quedarían sepultados por el olvido editorial.
La obra de Francis Stevens, como la de otras pioneras invisibilizadas, nos recuerda que la imaginación especulativa ha sido, desde sus orígenes, un territorio de disputa política, de resistencia estética y de construcción de futuros posibles. Esta ficha forma parte de una genealogía crítica que busca devolverles su lugar en la historia. Imaginar otros mundos, como hizo Bennett, es un acto de coraje que abre puertas a quienes vinieron después.
[i]) “La ciudadela del Miedo”. Pulpediciones. 2002 // “La isla amiga”. En La chica del átomo de oro. Recopilación de Francisco J. Arellano. 2003
